
Porque el blues vivió en mi alma tanto tiempo y derramó dentro todas sus notas y todos los colores de sus tonos, porque bailé tanto tiempo primero en el cielo, arropada por céfiros de inocencias, y luego en el infierno envuelta en humo libertario, sé.
Sé que existen mundos paralelos que algunos, cual dioses caídos, crean como oseras en que refugiarse para lamerse las heridas recibidas en este. Y que a fuerza de entrar y salir, las mil teletransportaciones terminan por desnaturalizar la esencia de las moléculas, tantas veces desintegradas para volverse a reintegrar en una configuración que cada vez es más difícil conseguir que sea la misma. Sé que los desajustes duelen.
Sé que el soldado será eternamente soldado, aun en tiempos de paz, pero también que llega un momento en que ha de cambiar de bando, olvidar la embriaguez del olor de la pólvora y militar bajo la enseña de la vida.
Sé que tarde o temprano hay que dejar de llorar a los compañeros caídos. Que ellos ya no llaman, que somos nosotros quienes deshojamos palabras llamándolos, y que las voces y las lágrimas los agitan en sus tumbas. Y tienen derecho a descansar en paz.
Sé que el interior de un hombre está hendido por luces y sombras, que a veces un alma es un cuadro tenebrista en que las luces hieren, deslumbran, y los negros atrapan. Y el hombre se pierde en ellos, y suena el eco de su grito estremecido en el vacío de su oscuridad. Pero también sé que siempre hay un trazo en que los colores comienzan a invadir las sombras, que su resplandor se percibe a lo lejos, y que guiado por él, aunque a tientas, golpeándose contra cada esquina, se llega a la zona iluminada.
Sé que ser hombre conlleva alegrías, sufrimientos, penas, ilusiones,
decepciones, incertidumbres de todo tipo sobre cuanto hacemos. Sé que vivir es tener miedo de las decisiones que tomamos, de lo que pueda depararnos el destino. Pero también es detenernos a mirar lo que tenemos y saborearlo, contemplar el futuro a veces con temor, a veces con ilusión, afrontar valientes cada día. Caer y levantarse continuamente. Y procurar aprehender cada minuto bueno que se abre en flor en los eriales de la vida, disfrutarlo, retenerlo en la retina de la memoria para siempre.
Y sé que eres un hombre. Solo un hombre.
AVALON







