domingo, 25 de febrero de 2007


Porque el blues vivió en mi alma tanto tiempo y derramó dentro todas sus notas y todos los colores de sus tonos, porque bailé tanto tiempo primero en el cielo, arropada por céfiros de inocencias, y luego en el infierno envuelta en humo libertario, sé.

Sé que existen mundos paralelos que algunos, cual dioses caídos, crean como oseras en que refugiarse para lamerse las heridas recibidas en este. Y que a fuerza de entrar y salir, las mil teletransportaciones terminan por desnaturalizar la esencia de las moléculas, tantas veces desintegradas para volverse a reintegrar en una configuración que cada vez es más difícil conseguir que sea la misma. Sé que los desajustes duelen.

Sé que el soldado será eternamente soldado, aun en tiempos de paz, pero también que llega un momento en que ha de cambiar de bando, olvidar la embriaguez del olor de la pólvora y militar bajo la enseña de la vida.

Sé que tarde o temprano hay que dejar de llorar a los compañeros caídos. Que ellos ya no llaman, que somos nosotros quienes deshojamos palabras llamándolos, y que las voces y las lágrimas los agitan en sus tumbas. Y tienen derecho a descansar en paz.

Sé que el interior de un hombre está hendido por luces y sombras, que a veces un alma es un cuadro tenebrista en que las luces hieren, deslumbran, y los negros atrapan. Y el hombre se pierde en ellos, y suena el eco de su grito estremecido en el vacío de su oscuridad. Pero también sé que siempre hay un trazo en que los colores comienzan a invadir las sombras, que su resplandor se percibe a lo lejos, y que guiado por él, aunque a tientas, golpeándose contra cada esquina, se llega a la zona iluminada.

Sé que ser hombre conlleva alegrías, sufrimientos, penas, ilusiones,
decepciones, incertidumbres de todo tipo sobre cuanto hacemos. Sé que vivir es tener miedo de las decisiones que tomamos, de lo que pueda depararnos el destino. Pero también es detenernos a mirar lo que tenemos y saborearlo, contemplar el futuro a veces con temor, a veces con ilusión, afrontar valientes cada día. Caer y levantarse continuamente. Y procurar aprehender cada minuto bueno que se abre en flor en los eriales de la vida, disfrutarlo, retenerlo en la retina de la memoria para siempre.

Y sé que eres un hombre. Solo un hombre.


AVALON

viernes, 23 de febrero de 2007

SABES


Sabes que no pertenezco a este mundo, que me balanceo en su quicio, lo sabes y lo disfrutas. Una estrella de papel me puso en tu camino, como una piedra, una señal. Vivió el blues en tu alma y bailaste en el Infierno envuelta en humo libertario, lo sabes. También supiste ver en mi dolor que fui soldado malherido, eternamente errante de trinchera en trinchera llorando bajo cielos carmesíes a los compañeros caídos que siempre estuvieron a mi lado, como tú. Compañeros que en las noches de luna muerta disfrazada de luna clara todavía me llaman, todavía me esperan con una botella de Bourbon en una mano y en la otra su amor, como tú.

Sabes que mis lágrimas están prohibidas en el paraíso, que he sido juzgado y sacrificado, enviado a un limbo de ángeles muertos. Sabes que mi amada se llama Soledad, y que miro y hablo de frente a la muerte, como amigos del alma. Sabes que soy romero y azahar, que me hierve la sangre cada vez que respiro, y que una vez viajé hasta ti. Sabes que me gustan las iglesias vacías, la lluvia y el mar. Y sabes que la rabia, la tristeza y todas sus sicarias han acampado en mí. Sabes que tengo miedo y que no lo tengo, que soy la confusión y la contradicción habitando en una sola morada. Pero sobre todo sabes que estoy a pesar de que nunca esté. Sabes más de mí que yo mismo. Entonces dímelo tú, ¿quién soy? Porque yo no lo sé...


ETINARCADIA

miércoles, 21 de febrero de 2007

LA PALABRA QUE SE DESTEJE


Cuando vienes a mí pequeño,

barquito de papel a la deriva de tus aguas quebradas,

querría encontrar la palabra, contarte que un hombre

ha de tener forzosamente momentos

en que se sentirá débil, tendrá miedo,

se creerá perdido en medio de un oleaje

que rompe contra él con una fuerza inusitada,

cargada de violencia...

Baten contra ti las iras de las aguas bravas,

pero sabe que no barquito de papel

pero roca eres, alta, orgullosa, incierta,

eternamente erguida ante la furia de las olas...

Quisiera decirte que es la

esencia pura de la vida estar vivo,

y sentir en un extremo u otro de la cuerda

que no podemos más, para luego

saborear una felicidad efímera.

Cuando vienes a mí pequeño,

querría encontrar la palabra

que haga asomar luna y estrellas en tu noche

que rompa los hielos de tu alma,

que ahonde en los fríos de tu invierno...

Pero huye la palabra en las alas del crepúsculo

que te envuelve,

la hace yerma el salitre del negro mar

que amortaja tus caminos...

Mejor destejer la palabra, y tejer con sus letras

sonidos, risas, soles, lunas y estrellas.


AVALON

martes, 20 de febrero de 2007

LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO


Viernes tarde; sales del trabajo, cansado, sin saber muy bien qué hacer con tu tiempo libre. Aunque me lo niegues, seguramente -como todos los viernes- te meterás en algún local a tomar una cerveza, intentarás pegar la hebra con algún desconocido en la barra del bar... Luego, a la noche o al día siguiente me llamarás, me dirás que sigues estando tan mal como siempre, y sabré que has vuelto a deambular por uno de esos garitos donde se cobijan almas dolidas, incomunicables soledades, en el que de nuevo buscas vanamente acunar tu vacío entre murmullos apagados de risas y conversaciones borrosas como neblina, resueltas en nada y que nada alivian, entre humo, música y alcohol inconsistentes, inodoros e insípidos, que te han dejado sabor a nada, rastro de nada.

Es como si pudiera verte, tu mano sujetando una jarra de cerveza sobre la barra del bar, apartando de tu frente de vez en cuando un rebelde mechón de pelo entre el que asoman, insolentes, algunas canas. Aspiras sin ganas el humo de un cigarrillo, los ojos enrojecidos por el polvo del camino - eterno paseo entre el cielo y la tierra -, sin rumbo, errático, pisando hierba, deseando estrellas, interrogándolas en vano.

Una descolorida ojeada por el local dibuja en tu retina mesas ocupadas por personas que hablan, ríen... Pero la fuerza de la costumbre te permite ver tras la silla de cada cual a la soledad y a sus mil hermanas envolviéndolas una a una con su frío manto. Los miras, alguno te mira fugazmente, y desde tu invisibilidad contemplas de la de ellos. Ninguno parece querer aceptar tu muda invitación a romper la tuya, y se te pasan las ganas de entablar conversación con nadie. Hoy también te sientes cansado, solo puertas cerradas a tu alrededor. Tu gabardina no te protegerá de la lluvia negra que sabes te espera en la calle.

Sombras velan tu mirada azul, fuerzan tus labios flaca sonrisa y en tu voz se trenza el cansancio del corazón mientras pides la cuenta.

Te imagino saliendo de allí tal cual entraste, deteniéndote por unos segundos junto a la farola de la calle olvidada, sintiéndote igualmente vacío, con los mismos interrogantes con los que llegaste, incluso quizás hasta más cansado porque de nuevo ha fracasado una intentona de en realidad no sabes muy bien qué... Caminas solo entre la gente, soledad vacía, eterna en tu memoria, sentimientos confusos, preguntas que queman como hierros candentes, respuestas mudas. Y te veo alejarte calle arriba lentamente, tu figura menuda empequeñeciéndose, resonando huecos tus pasos por la desangelada calle, que lentamente te engulle. Cada vez más pequeño, desapareciendo como tragado por ella. Y me duele....


CALLE QUIMERA

domingo, 18 de febrero de 2007

BOSQUE


Llueve sobre el bosque. Es de uno de esos días de otoño grises, plomizos, en que los cielos, como plañideros, lloran la pena de los hombres para que a ellos no se les sequen las lágrimas, y tengan suficientes cuando lleguen los días soleados. Sobre la quieta superficie de un lago caen hebras de lluvia que, como finos dedos, teclean en el piano del lago la canción del agua, y hacen el acompañamiento de percusión golpeando rítmicamente las tejas de la casita que se asoma al lago. El viento, alocado, embiste las oquedades de los troncos, y suena la voz profunda y grave de la tuba. Manos son las ramas de los árboles, que acarician como a cuerdas de guitarra los finos hilos de lluvia, y plaquetas de xilofón las briznas de hierba sobre la que ésta tintinea alegremente.


La lluvia es música, y el bosque la interpreta. Nadie lo ve, porque los humanos, para resguardarse de ella, suelen esconderse en sus cubículos, pero el bosque se llena de vida, de olores y de magia cuando llueve. Y en esos momentos todos los seres mágicos que allí habitan aprovechan para salir de sus escondrijos y bailarla, formando alegres corrillos: las hadas, los duendes, los gnomos, los elfos... Es la lluvia quien provoca ese baile, su música, que invita irresistiblemente a danzar, a empaparse de sonidos, de sensaciones, de olor a tierra mojada, a hierba húmeda, de agua que da la vida... Todos los sentidos participan del espectáculo de la lluvia en el bosque impregnándose de esa vida. Y todos los seres del bosque. Todos…menos una pequeña hada, la más pequeña de todas, que aprovecha la distracción de sus hermanas para buscar unos besos de amanecer. Los dejó una noche olvidados en el bosque un gallardo caballero al que, escondida entre los arbustos, vio cruzar el sendero a lomos de su brioso caballo. . Mientras cabalgaba por aquel sendero, el joven, con expresión absorta, murmuraba para sí mismo algo relativo a aquellos besos, y el hada lo oyó. Curiosa, como todas las hadas, se propuso encontrarlos y saber cómo eran, pero tan escondidos debían de estar que no lo había conseguido aún. Unos besos de amanecer deben de ser tan frágiles, tan delicados, que podrían quebrarse al menor roce, y por ello los ha estado buscando con precaución, levantando cada hoja del suelo con infinito cuidado. Pero hay tantas que lo tapizan…


Esta noche el viento sopla con fuerza, levantando la hojarasca y jugueteando con ella. El hada, andando de puntillas con mucho cuidado, continúa buscándolos, y de repente, al pie de un árbol, las hojitas que acaba de llevarse el alocado aire dejan al descubierto aquellos besos de amanecer. Con el corazón palpitando se sienta sobre la mullida hierba del bosque, los coloca con suma delicadeza en las palmas de sus manos y contempla fascinada cómo poco a poco va saliendo el sol de entre esos besos como de entre nubes, bañándola en su luz. Mientras, allá en la lejanía, ajenos a todo, hadas, duendes, gnomos y elfos bailan en corrillo bajo la lluvia, al compás de la canción del agua, cantan, ríen… La magia envuelve los bosques, y entre sus brumas todo puede suceder.


AVALON

jueves, 15 de febrero de 2007

QUISE...


Quise subirme en la vida, montarla,
clavarle las espuelas,
extenuarla de tanto vivirla...

Pero era un caballito de cartón.


Quise arder y consumirme en ella,

calarme de sus aguas hasta la médula...

Pero era fuego que no quema,
lluvia que no moja.


Quise creer que las ilusiones
eran
realidades anticipadas.
Pero eran espejos rotos,
que devolvían imágenes deformadas.


Ahora todo es abono humectante

sobre el que crecen los rastrojos de una vida...


AVALON

martes, 13 de febrero de 2007

RABIA


Cae la noche sobre la ciudad, y envuelve en su negro manto los nichos. Nichos que imaginamos casas esos cadáveres que nos creemos vivos, deambulando perdidos en su vorágine. He vuelto a vomitar, y entre fuertes convulsiones arrojan mis entrañas restos ensangrentados de miedo y rabia. La rabia, incontrolable, me devora por dentro, duele como lágrimas, hierve la sangre. Solo oscuridad alrededor, vacío inerte, incesante lucha interior, épica batalla en el anochecer del mundo. Y el sudor frío, antesala del miedo... Y de nuevo la aberrante, la monstruosa visión de esa ristra de ajos en la cocina, y de nuevo la luna llena como ojo de cíclope en la cara negra del cielo, mirándome fija, aviesamente... La conclusión es evidente: soy una mezcla extraña de hombre lobo y vampiro que gime su espanto a la noche. Todavía puedo controlarlo pero si algún día me como a alguien tal vez -y solo tal vez- desaparezca esta tristeza que me mata, y entonces dejaré de ser el peor de los monstruos - un hombre- para ser solo un animal, una bestia sin dilemas humanos. Quién sabe, tal vez hoy.........

ETINARCADIA