viernes, 18 de mayo de 2007

EL SALÓN

Te escribo, como desde hace tanto tiempo -tanto que ya he perdido la cuenta- en nuestro saloncito, tan pequeño y acogedor. Aún lo revisten de más calidez los adornos de navidad. Dios, ¿desde cuándo llevan colocados, y los paquetes sin abrir? No alcanzo a recordarlo, pero sé que ha transcurrido mucho tiempo ya... Y, no entiendo cómo, aún sigue siendo Navidad. La chimenea está encendida , y frente a ella dormita el viejo Rocco. Los troncos chisporrotean y crepitan su conversación, una conversación que quizás ni tú ni yo podamos entender, aunque quién sabe, pero que siempre arropó a la nuestra... Entre esos leños bailotean unas llamas rojas, amarillas, tan alegres... ¿Hueles el humillo? Tengo hecha una buena provisión de piñas para cuando llegues. En ocasiones arrojo alguna el fuego para aromatizar la estancia, pero por más piñas que voy quemando el montón jamás decrece, siempre hay la misma cantidad. A veces no consigo comprender por qué... Cuando te tenga conmigo, de vez en cuando echaremos una para que se tueste; su aroma inundará la habitación, y las telillas marrones que se desprenden de ella alfombrarán el hogar donde se consumen los maderos, cubriendo casi las cenizas. Siempre sentiste debilidad por los piñones… Los comeremos recién tostados, verás qué ricos.

Cuento los días que faltan hasta que puedas reunirte de nuevo conmigo. Y creo que hasta Rocco... Endereza las orejas, gimotea y tabletea fuertemente en el suelo con su cola cada vez que te nombro en voz alta. Todo en esta casa respira tu presencia... Resuena aún en la estancia tu voz grave, profunda, leyendo en alto algún libro con ese acento del norte que tanto me gusta mientras yo te escuchaba absorta en tus palabras, en tu rostro iluminado por las llamas, el hielo fundiéndose lentamente en los vasos, las agujas del reloj vagando despacito por la esfera sin que fuésemos conscientes de su caminar, y sin ellas pretender que lo fuéramos... Y aquellas discusiones cuando diferíamos en la interpretación de algún párrafo… Eran gloriosas. Sabes que siempre fui buena luchadora, que argumento hasta la saciedad, y que lo hago con pasión y convencimiento. Pero tú no te quedabas atrás. Defendíamos nuestros puntos de vista sentados sobre la alfombra, los ojos chispeantes, las mejillas arreboladas por el calor de la chimenea y por la pasión... Hasta que a ti te picaba la risa por algo dicho con este acento andaluz mío, y yo, muy seriecita, me quedaba mirándote desconcertada por un instantes, con el ceño un poco fruncido, y acabábamos ambos a carcajadas limpias, tú tumbado en esa alfombra cuan largo eres de un empujón, por reírte de mí. Luego iba a buscarte una bebida mientras tú te recuperabas de la sorpresa y te incorporabas. Y después te daba un besito de arrepentimiento, pero con la chispita divertida bailándome en los ojos.

Mientras las voces y las imágenes se van desvaneciendo en mi memoria me sorprendo con una sonrisa bobalicona que se me va desdibujando lentamente de los labios. Los recuerdos embrollan en confusa mezcolanza el dolor y la nostalgia por tu ausencia con el tibio dulzor en el alma que me produce revivirlos, revivirte, revivirnos... Y con la certeza de que en breve estaremos juntos de nuevo. Me dijo Pedro que te reunirás conmigo muy pronto.

Los cuatro o cinco leños que puse en la chimenea aquella lejana noche arden constantemente sin consumirse ni un ápice; en todo este tiempo la nieve no ha dejado de dibujar garabatos en los cristales de la ventana, cubriéndolos hasta ocultar lo que hay tras ellos, y el viento continúa ululando sin cesar. Como aquella noche...Todo permanece exactamente igual, incluidos el reloj y el calendario; las manillas siempre marcan la misma hora, por más que la maquinaria funciona perfectamente, y aunque arranco a diario las hojas del almanaque siempre aparece la misma hoja con la misma fecha. Pero no debiera ser así, ¿verdad? Sé que ha pasado mucho tiempo desde aquella noche, es como si todo se hubiera congelado... Todo esto me inquieta en ocasiones, pero sobre todo me impacienta que el reloj y el calendario continúen inamovibles; las escasas ocasiones en que soy consciente de ello me angustia, y entre otras cosas me produce la sensación de que se ralentiza el tiempo que falta para que estemos juntos de nuevo. Ya he perdido la cuenta de todo el que ha transcurrido desde la última vez que te tuve a mi lado. Y a veces me asalta la claustrofóbica sensación de que no he podido salir desde entonces de esta misma estancia, de que sigo llevando el mismo jersey grueso de cuello vuelto rojo y los mismos jeans desde... Rara vez reparo en ello, pero hay fugaces instantes, como ahora, en que me acometen la desazón, la incertidumbre, en que me asalta la consciencia de que hace meses que se ha detenido todo.

Hace un rato ha llegado Pedro; ya te he dicho en otras cartas que es la única presencia de que disfruto desde aquella noche, y que tampoco consigo recordar cómo apareció en mi vida . Como siempre, me ha sobresaltado su aparición; parece salir de la nada, supongo que será porque sus pies desnudos, asomando por la orla de su holgada túnica, no emiten el menor ruido al caminar. Ni siquiera las pesadas llaves que cuelgan de su cíngulo... Sonriéndome a través de su luenga barba blanca me ha vuelto a decir que falta muy poco para que llegues, algo que no consigo recordar sobre un accidente de coche, y que ya jamás volverás abajo, y que la eternidad será nuestra, entre estas paredes. No llego a captar muy bien el significado de sus palabras, a qué se refiere con eso de "abajo" o "la eternidad", pero suena bien la idea de no volver separarnos por los siglos de los siglos. Hace tanto que te espero...


AVALON

24 comentarios:

ElPoeta dijo...

Avalon, paso un momento sólo para decirte que ya pasó el paréntesis y estoy de vuelta. Volveré a leerte más despacio. Un beso,
V.

Calle Quimera dijo...

Bienvenido, Poeta,me alegra tenerte de nuevo por aquíy que se haya cerrado ese paréntesis.

Un beso.

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Tantos recuerdos..., y yo también espero.

Todo lo mejor para Usted.

nadaquedemostrar dijo...

...te he leido con el corazón pequeñito.Has hecho que deseara tanto como ella que aparciera. Me has hecho ver el invierno. Y me has hecho llorar.

Y ahora no puedo parar.
Genial escritora.

Calle Quimera dijo...

Te deseo que tus esperanzas se vean cumplidas, Silmariat.

Bienvenido a esta calle, gracias por tu visita y por tus palabras. Un abrazo de los dos responsables de este blog: Etinarcadia, mi compañero, y yo.

Calle Quimera dijo...

Espero no haberte traído recuerdos poco gratos, Mucha, a veces ocurre... Por suerte, ese caudal de vida que tienes dentro arrastrará rápidamente tus lágrimas lejos de tus ojos.

Un beso muy fuerte, compañera.

SCD dijo...

Hay muchas personas que como en tu relato siguen esperando a esa persona que una vez se fue y ya nunca volvio.
Encoge el corazón esta historia.

Por otro lado quisiera en nombre de Paco y su proyecto, darte las gracias por poner el boton de "Para Guatemala", es un detalle por tu parte, pero si algun dia ya no lo quieres tener no te preocupes lo quitas que no pasa nada, ¿ok?.

Lo dicho, gracias amigos, un abrazo a cada uno ;-)

Saludos!!!!!!!!

Calle Quimera dijo...

La muerte de la chica del relato en aquel salón en el que lleva meses confinada sin ser consciente de que ha muerto (un poco tétrico, ya lo sé.. ;-) ) la ha separado de su amado, pero solo temporalmente. El destino ha decidido unirlos de nuevo mediante el accidente mortal de coche que él va a sufrir. Las separaciones son siempre dolorosas, pero me gustaría pensar que no eternas, que hay un lugar y un momento en que, como le sucederá pronto a la chica del relato, volveremos a reunirnos con los seres queridos de los que nos hemos tenido que separar, y que ya será para siempre.

Mientras exista el proyecto, el botón no se mueve de esta calle, SCD. Siempre hay quien, movido por la curiosidad, pincha estos botones, y quién sabe si algunos de quienes lo hagan son guatemaltecos y pueden aportar algo más sustancial a la iniciativa de Paco, puesto que están en el país...

Nada hay que agradecer, en todo caso a Paco, por intentar aportar su granito de arena para un país mejor. Qué menos que cada cual contribuya con lo que pueda...

Un abrazo para ti, y conozco lo suficiente a Etinarcadia para saber que puedo hacerlo en nombre de los dos.

María dijo...

Avalón, es precioso. Logras meter al lector en ese salón, oír y oler ese maravilloso fuego, casi se siente uno un intruso dentro de esa intimidad.
Sabiendo como sé que los recuerdos te pueden estancar, no he sospechado el final hasta que mencionas que Pedro camina descalzo.
Es muy bueno, Felicidades.
Un beso.

Miguel dijo...

Un hermoso y sobrecogedor relato, que se apoya en el hecho que aunque nos duele dejar de ver, de plapar, de hablar y oír, está ese paso más más allá y que nos lo refuerza el hecho concreto de que nunca dejamos de sentir.

Como siempre bello Quimera, un beso.

txanba dijo...

solo es cuestión de seguir viviendo para poder continuar siendo nosotros. http://txanba.blogspot.com/
http://nopronunciesminombre.blogspot.com/

Calle Quimera dijo...

Gracias, María, era lo que intentaba, meteros a todos en ese salón. Eso y también que hasta el final no se advirtiera que en realidad la chica estaba muerta. :-)

Un besote.

Calle Quimera dijo...

El amor más allá de la muerte, Miguel... Al menos, es bonito pensar que, como decía Quevedo, "polvo seré, mas polvo enamorado".

Un beso, poeta.

Calle Quimera dijo...

Y de procurar que nada cambie después de la muerte, Txanba. Seguramente es pura quimera, como casi todo lo que transita por esta calle, pero..¿quién sabe...?

Un abrazo, bienvenido y gracis por tu visita.

Misántropo dijo...

Sin duda huele a Quevedo ese aroma de las piñas, combustibles y a la par inagotables.

Como inagotables son, también, los piñones en la tierra. Por lo tanto no hay necesidad, tampoco, desde el salón de los almanaques congelados, de animar a nadie para que conduzca a toda leche.

La eternidad es eterna. Y Quevedo, Pedro lo sabe, no hablaba de nombres propios.

Disculpa, en cualquier caso, esta pequeña salvedad, sin ánimo de nada. Es lo que me ha hecho pensar tu relato; que, sin duda, es estremecedor.

Un beso. Dos.

Calle Quimera dijo...

Sin duda alguna, Quevedo es el poeta de la muerte; nadie como él supo expresar la angustia por el paso del tiempo que nos conduce indefectiblemente a ella, por el escaso (y penoso) trayecto que existe entre cuna y sepultura, el estoicismo ante la señora de la guadaña, que convierte en vanidad de vanidades todo lo humano... Perdona la disertación pero es que has tocado a mi clásico favorito. :-) Indiscutiblemente, la muerte huele a Quevedo.

Nada tengo que disculpar en tu intervención, mi apreciado Misántropo, todo lo contrario... La eternidad es eterna, desde luego, y como no hay nada científicamente probado ni a favor ni en contra de que exista algo tras la muerte, me he permitido dejar a esta chica en su salón después de muerta -aunque ni almanaques congelados ni piñas que no se acaban le hayan permitido aún percatarse de su estado- esperando el regreso de su amante.

Nadie ha animado al chico a rebasar los 200 por hora en una curva desde ningún salón, es el destino quien ha dispuesto ese accidente de coche que al fin los reunirá a ambos en esa estancia. ¿Quién sabe si tras el umbral de la muerte lo que nos espera es una especie de dimensión paralela en que continúa la vida que conocimos, en que tenemos ocasión de hacer punto y seguido o... un completo punto y aparte, a nuestro libre albedrío? Ya sabes que esta es la calle de las quimeras, donde bordeamos los límites del "sí" y el "no" caminando por la fina arista del "tal vez"...

Un par de besos para ti, uno de tu tierra, otro de un poco más abajo.

el que deambula dijo...

Ya sé porqué te gustan tanto los pasajes nebulosos de un tiempo que no es terrenal. Pareciera que nos hemos puesto de acuerdo para el último post aunque, ciertamente, creo que mi estilo es bastante más rudo y menos lírico que el tuyo.

Enhorabuena.

Calle Quimera dijo...

Éxacto, ahora puedes entender por qué me quedé prendada de tu post. No pude menos que sonreír cuando lo leí...

Lo de menos es el estilo, cada cual tiene el suyo y todos hacen disfutar. ¿Imaginas todos los blogueros escribiendo igual? Qué aburrimiento de blogosfera monódica...!

Nos leemos, Deambulador. Un abrazo.

El perro andaluz dijo...

He sentido muchas cosas al leer tu relato, pero de todas ellas, envidia es lo que más sentí.
Un beso grande.

Calle Quimera dijo...

La vida da muchas vueltas y revueltas, Allan, puede que un día no muy lejano no sientas envidia ante un realto como éste. Al menos, yo te lo deseo de corazón.

Un beso enorme para ti.

El perro andaluz dijo...

Agradezco tu deseo querida AVALON, sólo que la envidia que sentí fue por la belleza de tu escritura y deseé poder escribir así alguna vez.
Un beso.

Calle Quimera dijo...

Ufff.. No sabes la alegría que me dan tus palabras, Allan.. Un texto tiene tantas lecturas como lectores, muchas veces adquiere connotaciones nacidas de las experiencias vitales que han jalonado nuestra trayectoria, y temí que el relato hubiese despertado en ti algún recuerdo doloroso relacionado con tu pasado sentimental. Hay veces que una pluma puede herir más que una espda, aun no siendo ese el propósito de quien la empuña.

Me alegra muchísimo que no haya sido así... Te agradezco enormemente tus palabras, pero no se queda atrás el que escribió ese post sobre la música, que me hizo emocionarme como a una niña. No solo el contenido era bellísimo, las formas en que lo envolviste también.

Un beso muy grande, Allan. De verdad que he agradecido la aclaración.

Moony dijo...

Bufff, Avalon... he tardado un rato en poder escribir desde que terminé de leerte... es precioso... jo, absolutamente precioso... y ojalá fuera cierto, que existe una eternidad para compartir, ojalá... ojalá...

Serás... mira que hasta me has sacado una lágrima tonta... jo.

Un beso.

Calle Quimera dijo...

Nadie sabe a ciencia cierta si hay o no otra voda después de esta, Moony, cada cual puede tener sus creencias o no creencias, pero con certeza no sabemos nada. Pero creo que la naturaleza no habría concebido broma m´s cruel que la de crear a los humanos con ese anhelo de trascendencia tn acusado que tiene solo para no satisfacerlo después... Sería demasiado cruel. Nunca he creído que nos vayamos a pasar la eternidad encima de una nube tocando la lira y contemplando la majestuosidad de Dios.. Quién sabe si no continuamos nuestras vidas en otra dimensión, con la posibilidad de seguirla donde la dejamos si fue satisfactoria o de cambiarla si no lo fue..

Tontuela... :-) Sécame esa lagrimilla, que quizás haya otro sitio donde puedas estar por toda la eternidad con esa persona que consigue arrancarte tanta belleza en tus versos.

Un besote.