miércoles, 30 de diciembre de 2009

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD





Hace días que las calles están adornadas con bombillas multicolor, que por ellas transita gente cargada de prisas y de paquetes de regalos, y que en todos lados se vuelve a oír aquello del espíritu de la Navidad. Con esto ocurre como los “días de”: el día del niño, el de la mujer trabajadora, el día sin tabaco, el de la amistad, el de la paz… Todos ellos símbolos de algo que debiera estar presente en nuestras mentes y nuestras actuaciones todo el año pero que se ve que jamás lo está, porque una vez cada 365 días es preciso hacer sobre ello una llamada de atención, cacareada por políticos, medios de comunicación, organismos oficiales… Todos nos sentimos muy concienciados ese día. Mañana ya no toca. Seguramente la mayoría de los que nos leéis habéis recibido alguna vez en el móvil a finales de la Navidad uno de esos mensajes que todo el mundo manda a todo el mundo en determinadas fechas y que, aunque alusivo a éstas en que ahora estamos, por su ironía rayana en el sarcasmo parece extensible a los “días de”:

“Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse".

Pero hay historias que hacen trastabillar el escepticismo y que invitan a pensar que quizás al fin y a la postre estos “días de” sí que dejan poso, y que el espíritu de la Navidad no es una simple frase hecha, al menos no siempre, porque a veces es capaz de despertar lo mejor de nosotros mismos: nuestra humanidad. Una de esas historias, por lo visto cierta, es la que sucedió en la noche del 24 de diciembre de 1914, principios de la Primera Guerra Mundial, en el frente de Ypres, una ciudad en el sur-oeste de Bélgica.

Se esperaba una fuerte ofensiva germana para esa noche o la de Año Nuevo, y las tropas anglo-belgas estaban preparadas para responder de forma contundente. Cuando los hombres del segundo regimiento de guardias escoceses advirtieron multitud de pequeñas luces que brillaban en el lado alemán estuvieron seguros de que se trataba del comienzo del anunciado ataque, y sin más demora abrieron fuego contra el enemigo. El desconcierto comenzó al advertir que aquella nutrida descarga no estaba siendo respondida, pero aún creció más, hasta llegar al estupor, cuando desde el lado contrario llegaron unas voces que, en un inglés con fuerte acento germano, exclamaban: "You no shoot, we no shoot." (si ustedes no disparan, nosotros no disparamos).

No tardaron en salir a descubierto soldados alemanes, en actitud claramente pacífica, y a los pocos minutos hombres de ambos bandos intercambiaban chocolates, cigarrillos, licores, todas esas minucias que en circunstancias como estas constituyen pequeños tesoros. Y, por supuesto, palabras. Así pudieron saber los aliados que aquellas luces eran las de los arbolitos de navidad que el Ejército alemán había enviado a sus tropas en el frente. Al de Ypres se habían mandado varios, de ahí la gran cantidad de lucecitas, que habían llamado la atención de los escoceses.

El día 25, muy de mañana, los soldados de ambos bandos salían de sus respectivas trincheras para confraternizar con “el enemigo”. Intercambio de tabaco, cerveza, chocolates, fotos familiares… Hasta partidos de fútbol hubo con pelotas hechas a lo como se pudo.

La tregua, a pesar de las tajantes órdenes en contra emitidadas por los altos mandos, se prolongó hasta la mañana del día 26, en que comenzó de nuevo el fuego cruzado entre las dos líneas del frente. Y se hace inevitable preguntarse qué sentirían en uno y otro bando cuando de nuevo tuvieron que empuñar sus armas, esta vez no contra algo casi abstracto como fuerzas enemigas sin rostros ni cuerpos bajo el casco y el uniforme, sino contra seres de carne y hueso cuyas facciones sí conocían ahora, con los que habían estado hablando, bebiendo, bromeando, jugando al fútbol…


Ypres resultó destruida casi en su totalidad al finalizar el conflicto, la Gran Guerra se saldó con más de 31 millones de muertos, heridos y desaparecidos… Pero hubo un momento en que el horror se detuvo, y precisamente fueron los malos de siempre de la película, los alemanes, quienes tuvieron la iniciativa. Hubo un momento en que unos hombres no quisieron matar a otros a pesar de las órdenes recibidas, en que fueron capaces de perdonar las bajas que se habían infligido mutuamente y relegar el rencor que hace concebir hacia el enemigo ver caer a un compañero muerto a tus pies, un momento en que qusieron compartir los pocos lujos que tenían, olvidar lo que les enfrentaba y recordar que todos somos, al fin y al cabo, seres humanos. No había paquetes de regalos envueltos con papel de brillantes colores colocados al pie de un belén o de un árbol de navidad profusamente decorado, ni mesas y manteles, ni villancicos, ni luces en ninguna calle. Pero esa noche, entre ruinas, fango, alambradas y armas momentáneamente abandonadas y silenciadas, era más navidad que en multitud de hogares de todo el mundo. Si hubo un lugar en el mundo aquel 24 de diciembre de 1914 en que de nuevo nació el Niño Jesús, fue en Ypres.

Nuestro deseo para el año que asoma ya por la esquina es que se olvidasen de una vez por todas las diferencias entre pueblos, razas, credos, entre vecinos, compañeros, amigos... Que todas las noches, en todas las casas y en cada uno de nosotros naciera el Niño Jesús, y que el espíritu de la Navidad no fuese, lo mismo que este deseo que aquí expresamos, una quimera.

Feliz año para todos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

NAVIDAD EN EL CLARO DEL BOSQUE

Queridos compañeros y amigos:

Un año más nos reunimos Elsa (Los Viajes de Elsa), Malena (El Tintero de China) y Avalon y Etinarcadia(Calle Quimera) para desearos una feliz Navidad.

Con todo nuestro cariño: Elsa, Malena, Avalon y Etinarcadia.



Lejos, muy lejos de Belén, en las inhóspitas tierras del norte, la nieve caía espesa cubriendo de blanco y de calma cuanto encontraba a su paso. El letargo en que se hallaban sumidos los bosques solo se veía perturbado por el viento, que, más inquieto que de costumbre, zigzagueaba veloz entre los árboles como intentando contar algo, pero con tantas prisas que éstos no llegaban a entender lo que decía, y tal desasosiego les producía que veían importunado su descanso invernal. Al fin, un día habló el gran Fresno, el árbol de la vida, Yggdrasil el sabio, el sustentador de los nueve mundos, el que conoce lo que ha sido hecho, lo que se hace y lo que se hará, el que es la morada de los dioses y los hombres, de los animales, de las piedras... De todo lo que está vivo y muerto. “Sabed que pronto nacerá un niño que tomará mi lugar en el universo. Yo ya era en el principio de los tiempos, mi carga es pesada y ha durado eones. Ha llegado la hora del Otro, del que está designado desde siempre. Todas las criaturas de los nueve mundos están convocadas para presentarle sus ofrendas el día de su nacimiento, que ocurrirá pronto. Uno de vosotros deberá ir en representación de los árboles del norte a llevarle nuestro presente, uno de los frutos que dan mis ramas: una estrella de la bóveda celeste. Puesto que el natalicio tendrá lugar en el otro confín del mundo deberá ser alguien con suficiente fuerza y resistencia para soportar el viaje, y cuyo porte hermoso nos represente dignamente. Tú, abeto."

El abeto, orgulloso de que la elección hubiese caído sobre él y dispuesto a cumplir su cometido costara lo que costara, se puso en marcha. Durante semanas escaló montañas altas y bajas, suaves y escarpadas, cruzó estepas áridas y algunas herbosas, bosques pelados y bosques frondosos, tumbado sobre su tronco se dejó arrastrar por las corrientes de ríos y mares... Y cuando llegó allí donde el desierto comienza, sintió desfallecer sus fuerzas ante aquellos océanos inacabables de arena abrasadora. Muchas de sus raíces, antes fuertes y numerosas, se le habían ido quedando, rotas o astilladas, en senderos pedregosos , y las pocas que conservaba estaban debilitadas y doloridas de tanto andar, sangrando gotas de savia que se le escapaban por la numerosas grietas y heridas que se había ido haciendo tanto en ellas como en su tronco, antes erguido, robusto, vigoroso, ahora encorvado, consumido por el cansancio y la humedad de las aguas atravesadas hasta llegar allí, que empezaba a pudrir su interior. Se sintió incapaz de atravesar la desolación inmensa y amarilla que se extendía ante él... A su memoria acudieron sus tierras del norte, el frío vivificador, los pardos terrones esponjosos cubiertos de hierba tan verde como los exuberantes bosques habitados por sus hermanos... Y lloró. Lágrimas de resina corrían por sus ramas y resbalaban por su tronco para ir a enterrarse en las ávidas y resecas arenas del desierto.

En ese momento la estrella que transportaba en la parte superior de su copa centelleó. El abeto recordó el compromiso adquirido, suspiró profundamente y continuó su marcha. Caminó kilómetros y kilómetros bajo un sol implacable que parecía devorarlo todo, enceguecido por la luz que reflectaban las dunas, asfixiado por la extrema sequedad del aire... Pero consiguió atravesarlo y llegar, con las escasas fuerzas que le quedaban, a Belén.

Ya a la caída de la tarde, la estrella, que le había ido guiando en todo momento, dirigió sus pasos a un bosque verde, hermoso, tapizado de flores. Un riachuelo discurría por su suelo como una herida abierta en él, y por sus márgenes avanzaba una comitiva de animales que se dirigían hacia un establo en que dormitaba un bebé acompañado de sus padres, una mula y un buey, para ofrendarle todos los frutos de la floresta. El abeto admiró el perfume y el colorido de aquellas flores, la majestuosidad de los robles, la elegancia de los abedules, la delicadeza de los sauces, la exuberancia de la vegetación... y vio reflejados en las aguas del río su tronco reseco, las escasas ramas que le quedaban... A duras penas se reconoció. Tan lastimoso era su aspecto que, avergonzado de él, decidió esperar a la noche, a que hubiese pasado por el establo el último de los animales para así no ser visto por nadie.

Solo en esos momentos se decidió a entrar. Dobló trabajosamente su tronco y se dirigió al niño.

- Vengo de las lejanas tierras del norte a traerte el regalo de los árboles: esta estrella, uno de los frutos de Yggdrasil. El viaje ha sido largo, y muy duro, quisiera poder cogerla con mis propias ramas y ponerla a tus pies, pero ya ves que ninguna de las pocas que me quedan alcanza a la más alta, donde el Fresno la colocó...

El pequeño lo miró y le sonrió. Su sonrisa no solo era una caricia, una promesa y una bendición, sino también una puerta a la eternidad, y sus ojos parecían tener el poder de horadar el tronco del abeto hasta llegarle al mismísimo corazón. El árbol sintió que aquella criatura conocía su cansancio infinito, la vergüenza por su ajado aspecto, que tanto contrastaba con la belleza y el esplendor de la vegetación circundante, la pena y la añoranza de sus hermanos del norte, de la nieve, de todo cuanto sabía que jamás volvería a ver. Y en aquellos momentos, justo después de que el niño volviera su vista al cielo, empezaron a caer gruesos copos. Al oír el familiar roce contra el suelo el abeto salió precipitadamente del establo, y, subyugado por el milagro que se desarrollaba ante sus ojos, olvidó dónde estaba. El bosque enteramente cubierto por aquella capa blanca le hizo sentirse por unos momentos en casa, y, lleno de paz, se tumbó sobre el ahora blando suelo. Ni siquiera se había dado cuenta de que aún conservaba la estrella de Yggdrasil en su rama más alta, y con ella quedó dormido sobre la nieve.

CALLE QUIMERA

Un árbol yace dormido
entre paredes de plata,
de rojo será vestido,
de estrellas y de esperanzas,
lucecitas de colores...
ELSA





Un árbol yace dormido
entre paredes de plata,
de rojo será vestido,
de estrellas y de esperanzas,
lucecitas de colores,
que iluminarán la estancia,
titilarán cada nombre
que esté ausente en cada casa,
y en la nuestra cantarán
con colores tu semblanza:
D e verde por tu campiña
I cono de la distancia,
E n amarillos tu risa con piedrecitas de nácar,
G ranate tu corazón, palpitando la añoranza
O queriendo atravesar ese mar que nos separa

Un árbol yace dormido
entre paredes de plata.
Cuando el Niño se despierte
hará un hueco entre la paja,
para acercarte esa noche,
la Nochebuena dorada.

ELSA




Amanece y el sol va traspasando las copas de los árboles para iluminar un día más el claro del bosque. Este claro del bosque en el que comienza poco a poco la vida.

Las plantas parecen pequeños toboganes por los que se desliza el rocío matutino que salta gozoso sobre la tierra. Los pájaros intentan con cuidado abrir sus alas mientras ensayan los primeros gorjeos de la mañana sobre las ramas.

Uno, dos, uno, dos, así comienzan con decisión dos pequeñas ardillas que después de haber peinado sus coquetas colas, van dispuestas a buscar si es que la encuentran, alguna apetitosa bellota.

Los árboles del bosque se desperezan pidiéndose perdón por los roces y allá en la quietud, el silencio queda roto por el sonido del agua que cae desde la pequeña cascada hasta el remanso del rio donde los patos han comenzado ya sus vespertinas abluciones.

Las flores se van abriendo y su perfume se mezcla con el olor de la tierra húmeda. Un día más en el que los habitantes del bosque seguirán con sus labores diarias.

Ya hay movimiento. Los duendes y gnomos van y vienen limpiando el suelo de las hojas caídas, y a veces se paran sentados sobre un tronco para contarse los mil y un chismes a los que son tan aficionados.

El sol sigue su camino y ahora es el pequeño prado el que se ilumina haciendo lucir la hierba con un verde más intenso.

La vida en toda su bella explosión se manifiesta en el bosque. Lindos y afanosos animales conviven en paz con personajes salidos de un cuento de hadas.

De pronto, el pájaro carpintero cesa en su toc-toc y mira a su alrededor. Algo sucede pero no sabe lo que es. Las ardillas, los patos, los blancos conejos, las afanosas hormigas, los duendes, los árboles y hasta el sonido de la cascada cesan de hablar.

Las flores abren más sus pétalos y la hierba se estira para observar mejor. Suavemente, sin ponerse de acuerdo empiezan a caminar. Siguen hacia el camino donde las lianas se entrecruzan, donde la vegetación es más frondosa. Al camino que bordea el plateado rio desde donde saltan los peces para jugar.

Hay algo cálido en el ambiente y sus pequeños corazoncitos laten conteniendo la curiosidad. Caminan en silencio, su instinto les hace continuar.

Cerca, muy cerca está el lugar en donde los humanos guardan a las ovejas.

Ya llegan, la comitiva de ardillas, conejos, hormigas, pájaros y duendes detienen su caminar. No hay ovejas, no hay pastores. Entran y allí en el establo, rodeados por una mula y un buey, una joven madre sostiene en sus brazos a un pequeño infante que sonríe, mientras el padre adelanta su mano para que se acerquen.

Patos, gnomos, conejos, ardillas, hormigas y pequeños ratones sonríen al ver al Niño. Ellos no lo saben, pero al claro del bosque, había llegado la Navidad.

MALENA

miércoles, 9 de diciembre de 2009

UNA SIMPLE BOYA



Han transcurrido ya muchos días, casi un mes, pero en mis oídos continúa resonando una risa, una risa burlona que escuché en una taberna que, por cierto, no era la del Irlandés. Era la risa de un joven belga que, periódico en mano, se desencuadernaba a fuerza de carcajadas leyendo la noticia del ametrallamiento de una boya con los colores de la enseña española por parte de una patrullera de la Armada británica, a más de cinco millas del Peñón de Gibraltar.

Cierto y verdad es que nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación convocó al embajador británico en Madrid para que diera explicaciones. Aunque cierto y verdad es también que no se sabe cuánto tiempo transcurrió desde que se conoció la “hazaña” británica a costa de una triste boya y el momento en que al fin el Ministro decide vestirse de dignidad, elevar la protesta y pedir esas explicaciones.

Cierto y verdad es que a Paxman, el embajador británico, recién aterrizado en la capital española, no debió de sentarle bien del todo tener que estrenar su flamante cargo presentando sus excusas por “el error de juicio y la falta de sensibilidad” de los miembros de la Armada que participaron en tan poco afortunado episodio, prometiendo realizar una investigación a fondo para depurar responsabilidades, y además tomar medidas para que no vuelva a producirse un incidente de este tipo. Pero cierto y verdad es también que este ametrallamiento solo ha sido un episodio más añadido a los que se vienen sucediendo hace meses en esta aguas, y ganas de provocar. España no tiene en esa zona boyas con los colores nacionales, así que la que se usó como ejercicio de tiro tuvo que ser colocada por la Armada. Gibraltar fue cedido al Reino Unido a principios del siglo XVIII, solo la ciudad y el castillo, junto con el puerto, las defensas y las fortalezas, pero no el istmo (en la actualidad, ocupado ilegalmente), ni las aguas territoriales ni el espacio aéreo. Sin embargo, desde finales de primavera los incidentes han aumentado de forma considerable, ya que los barcos británicos intentan casi sistemáticamente impedir a los barcos oficiales españoles patrullar en la franja de tres millas que rodea Gibraltar y que reivindica Londres. La guinda del pastel era ya ametrallar los colores hispanos, eso sí, a 5 millas, en aguas internacionales...

No me deja de resonar en oído y en el hígado la risa de aquel belga, no, sumada a las que debieron de escucharse en la patrullera británica... Soy valenciano, pero aun a riesgo de que más de un lector me califique de “facha” por ello, he de decir –contra lo que se afirmaba en aquella conocida canción de Paco Ibáñez- que a mí la bandera española sí que me sabe levantar, tanto como mi senyera. Además de valenciá también me considero español, lo bueno y lo malo que ocurre en el Estado, en cualquiera de sus comunidades, me afecta de la misma manera que lo que sucede en mi País. Pero también quiero y respeto la bandera española porque para mí encarna a mi amiga Avalon, a mi amiga Malena, a mis amigos Raúl, Antifaz, Manuel, Alberto, el Vizconde, el peletero, y tantos otros. En ese símbolo que es la enseña roja y gualda están ellos, sus paisajes vitales, sus devenires cotidianos, el amor que sienten por sus respectivas tierras... Los colores de aquella boya los representan y me representan en el mundo, y si de he de ser sincero no termino de creerme las promesas de Paxman. No se investigará nada, no habrá responsabilidades, y no tardaremos en tener otro incidente que los políticos “lamentarán” pero que hará reír de nuevo a otro belga. O incluso a alguno en cuyo pasaporte figure como nacionalidad “español”.

Ya ha transcurrido casi un mes de este suceso, las noticias se queman y volatilizan en el mismo momento de ser publicadas, no tendría que estar escribiendo sobre esto. Y sin embargo, escribo...

lunes, 23 de noviembre de 2009

UN AÑO MÁS

Un año más florecen en tu calle, para ti, estas rosas de Siria, tus rosas, las que tantas veces han escuchado mudamente tus miedos y tus esperanzas. A cada una de las flores que se abren las ha madurado la certeza, y todas desprenden olor a confianza, a serenidad. A más esperanza... Y a cariño.


AVALON Y ETINARCADIA

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA SOMBRA DE LA LUZ




Las tres y cuarto de la madrugada, mi otro cuerpo me abandona decidido y se encamina hacia calle Quimera. Él no lo sabe pero le he descubierto, y con todo disimulo.... me he convertido en su sombra. Después de dar un pequeño rodeo y saludar a todo el que encontramos por el camino inacabado nuestros pies nos llevan, cómo no, a la Taberna del Irlandés.

Cosa extraña, el Irlandés está solo y callado, como el local. Únicamente la mesa más escondida parece ocupada, es la mesa de la Esperanza dormida. Pero no, hay otra más, en absoluta penumbra, frente a la que se recorta una silueta en apariencia masculina.

- Qué pasa, Irlandés, ¿cómo llevas la noche?

- Diferente, Etinarcadia ... Diferente.

-Te noto taciturno... Venga, pon dos copas de lo que tú sabes y así nos espabilamos, ¿hace?

- Hace, pero porque eres tú. Es que en esa mesa.....

- Ya veo, tienes un cliente algo solitario, como todos los que habitualmente recalamos en tu taberna, ¿no?

- Sí, pero es que este nunca había venido por aquí, y la verdad es que tampoco lo esperaba.

-Bueno, ¿me cuentas o qué?

-Lo vi entrar con la cabeza escondida, como el que quiere pasar sin llamar. Se acercó a la barra y después de saludar cordialmente me pidió una copa de esa bebida que solo aquí se sirve. No me dio tiempo a responder su demanda...."Las noticias llegan a todas partes, incluso allí de donde vengo, y te aseguro que mi alma está muy necesitada de ese licor", me dijo. Sin dudarlo y agitado por una inquietud que nunca antes había sentido le serví de la botella que tú sabes. Le encaminé dos copas, no me preguntes por qué.

El tabernero volvió a quedar en silencio, sumido en sus propios pensamientos.

- Ya que estamos ponme otra, Irlandés... y no pares de hablar, cuenta- le urgí, impaciente.

- Después de acabar con los dos servicios tomó dos más, a lo cual no me negué a sabiendas de que no es lo aconsejable. Y después de encenderse un pitillo a lo Bogart empezó a contarme......

-No fastides, Irlandés, que me tienes en ascuas.... Cuenta. ¡Y sirve!

-Bueno, lo primero que me dijo fue su nombre...........

- ¿Y...?

- “Hacedor de Luz”, me dijo.

- ¡¡Venga yaaaaaaaaaaaaaaa....!!! ¡¡¡¡Luzbel en la taberna...!!!!

- Si te digo la verdad me fijé más en sus ojos que en el nombre que pronunciaba. Estaba jodido, Etinarcadia, de verdad. La bebida hizo efecto y empezó a hablar....

- Por Dios... Bueno, o por el Diablo, no te calles, esta noche parece que haya que sacarte cada palabra con sacacorchos.....

- "Cansado, realmente agotado me encuentro”, me dijo.... “ Me ha sido encomendada una misión divina: poner trabas a los humanos para que ellos las superen por sí mismos y así avanzar en el camino de la verdad. La libertad, vuestro principal rasgo identitario, necesita de ésta, y de la existencia de opciones que posibiliten la libre elección. Pero tabernero, me veo desbordado por la malicia e ignorancia de tu especie. Es como si no quisieran verse en el espejo de su corazón. El humano ha llegado a su límite... no cabe más mal. Ese, el mal, el que lleváis dentro, el que elegís hacer, ese es el verdadero Diablo al que tanto teméis, no yo. Yo solo soy Luzbel, condenado a ser el antagonista eterno, la sombra de la luz. Nunca fui el enemigo que los hombres han querido hacer de mí, me han hecho cargar con una cruz que en realidad es la suya propia, y me han crucificado en ella, como a Cristo. No deja de tener gracia la paradoja, ¿verdad...? Como a Cristo.... Crucifican todo lo que no entienden, todo lo que no quieren oír... Su esfuerzo y el mío han sido en vano. Eones luchando por un ideal para nada. Mañana lo intentaré de nuevo, pero ahora ponme otra copa, por favor".

No supe muy bien qué responder a eso, ni al silencio del Irlandés. Miré la solitaria figura que se encorvaba ante la mesa en penumbras...

- Pon a enfriar otra botella, que a esa invito yo. Voy a sentarme con él, yo sí quiero oír...




viernes, 30 de octubre de 2009

LA PROFUNDA DEVOCIÓN DE VERÓNICA


La profunda devoción de la Verónica de “La profunda devoción de Verónica”, la fotografía de Saudek que encabeza este post, no tiene nada de religiosa. Es una devoción profunda, sí, pero carnal, intensamente carnal, el lado ambiguo del amor, del deseo, rayano incluso en las fantasías más oscuras, en ese aspecto quizás perverso y transgresor que es la sumisión.

El brazo masculino moreno, musculado y nervudo que desciende por el ángulo superior derecho de la imagen no puede menos que recordar al de Dios en “La creación de Adán”, una de las escenas del Génesis pintada por Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina. En ella, el Padre extiende un dedo hacia su criatura para insuflarle vida, el más bello acto de amor que puede concebirse. Sirve de eje a la composición la línea horizontal, sobre la que reposan las manos que se acercan, una para dar la vida, la otra para recibirla, las manos de dos seres que a pesar de sus tan diferentes condiciones, humana el uno, divina el otro, se encuentran en este momento tan trascendental en un mismo plano figurativo, como una metáfora del versículo 26 del Génesis I: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza …


Sin embargo, es la línea diagonal la que vertebra la composición de Saudek, una diagonal perfecta formada por la figura de la mujer , frágil, delicada, entregada, y la del brazo masculino, fuerte, nervudo, urgiendo la entrega, diagonal que sitúa a ambos personajes en distintos niveles : él en un plano superior, ella inferior, recortados contra ese fondo de pared descascarillada y mohosa de sótano húmedo, ruinoso y comido de miseria que fue durante años tan protagonista o más de la obra de Saudek que sus mismos personajes. No es un acto de amor desinteresado y generoso el que se desarrolla ante nuestros ojos, como el que pintara Miguel Ángel, aquí no se extiende un dedo para insuflar vida, sino la mano para exigirla y arrancarla en el momento de ser besada. El brazo cae como un rayo que, siendo oscuro, paradójicamente ilumina el rostro de Verónica, transportado por un arrobo casi místico, los ojos cerrados, como cerrando asimismo con sus párpados cualquier posible ventana al mundo por donde pudiera escapar algo de sí misma. Parece concentrar cuanto es y cuanto siente, y expelerlo por su boca dejándolo salir en el aliento que acompaña al beso, depositando sumisamente no solo su vida, sino también su alma en la piel del hombre hecho dios.

El estatismo del rostro femenino casi sumido en el éxtasis contrasta con el dinamismo agazapado en un cuerpo erguido, tensionado, apenas aposentado sobre el filo de la banqueta. Dispuesto, como sugiere la posición de las manos sobre sus muslos, a saltar de ella a la menor indicación del dueño de la mano que besa. No acaba aquí la poética del contraste que acentúa el contenido emocional de la fotografía. Si la desnudez intenta despojar al hombre de su continua vergüenza , librarlo del obstáculo moral para permitir que aflore su humanidad desnuda y descalza, es precisamente ese delgado vestido, cursi y hasta kitsch como casi todo Saudek, el que resalta a través de sus transparencias la sensualidad y el erotismo del cuerpo que trasluce, su mansa, suave y casi virginal femineidad, subrayada por el moño bajo en que la mujer recoge su larga cabellera. Ese vestido no cubre nada, lo muestra todo, pero envuelve como papel celeste de celofán el regalo que Verónica hace de sí misma, de su alma exhalada en el éxtasis del beso a la mano masculina, de su sexo velado por gasas que no disfrazan su “olor a muerte” sino que la prometen, esa muerte en que uno muere cada vez que se entrega carnalmente a otro.

Este trabajo de Saudek quizás sea la excepción que confirma la regla que el escritor y semiólogo Roland Barthes aplicaba a la fotografía, de la que afirmaba que al consistir en un conjunto desordenado de signos no codificados , creaba un problema semiótico: una especie de “crisis comunicativa”. “La profunda devoción de Verónica” bordea y trasciende esa dificultad para mostrar sin ningún tipo de interferencia comunicativa una sexualidad descarnada, potente , simbolizada en una posición de poder junto a otra de sumisión, una sexualidad gruesa, de sal gorda refinada en una imagen de aparente delicadeza, gracilidad y casi candor , sin recurrir esta vez a un erotismo de reminiscencias medievales un tanto vulgares, groseras, como en otras ocasiones hace este fotógrafo.

jueves, 29 de octubre de 2009

Y SIN EMBARGO, ESPERANZA



Se hilvanan las últimas sombras nocturnas

con las que anteceden al alba,

y un día sucede sin apenas frontera a otro día,

en un continuo implacable donde

se amasijan, informes, la noche y la madrugada,

la jornada de ayer, la de hoy y la de mañana,

que desvivo a empujones de autómata inercia,

de tenaz apatía...

El ruido de las máquinas de mi fábrica se confunde

en infernal y oscura mezcolanza

con el del reloj que ejecuta las horas, los meses, los años,

con el sonido del corazón, que ejecuta mi vida...

Hasta mi prisión de plazos, facturas,

de cansancio infinito que nunca se acaba,

llega el vago olor de la apenas vida que me alcanza,

el eco lejano de las risas de mis hijos,

los recuerdos de lo que no he vivido...

En la sala de espera, los libros que quiero leer,

los poemas que mi mente sólo alcanzó a pergeñar,

la tarde de miércoles de cine y palomitas,

ese viaje que siempre dejo para mejor ocasión...

Lo único cierto, el crujir de mis días arrugados y tirados

a la papelera, como periódicos viejos.

Seis de la mañana. Como Lázaro, levántate y anda...

Pero siempre... siempre, resiste la esperanza.

sábado, 17 de octubre de 2009

NUBLADOS





Hoy el cielo está nublado, y sí, otra vez suenan LOS DELTONOS, más en mi estómago que en el aire que me envuelve. Este blues sabe a humo profano y alcohol, a ese humo y ese alcohol que me prohíben los médicos, pero de los que, rebelde, la música me llena los pulmones y el hígado. Le doy la vuelta al disco y allí están otra vez: la rabia y la impotencia de una persona que se cree igual, pero que se sabe diferente cuando sus ojos se clavan en el cielo y se quedan a solas la larga noche y él.


Por eso no voy a escribir hermosas palabras, palabras doradas, no añadiré más polvos y afeites a la publicidad, a los des-informativos y todo aquello con que se maquilla hasta la náusea la realidad, esa ramera... Se acabó, no creo que baste con sonrisas, apretones de mano, besos y abrazos, virtuales o no, ya es hora de gritar que no somos imbéciles. ¿O me equivoco....? No sé... Para ser sincero, lo que me piden ahora mismo el blues, los pulmones y el hígado son masturbaciones esotéricas, que mi Kundalini no consigue transmutar en esencia de vida. Creo que últimamente se me va la cabeza y casi que me gusta...


Y blues, estómago e hígado me piden pasear despacito por Quimera... Me gusta hacerlo, la amo como amo a Dios, o a Avalon, como amo la Taberna del Irlandés, todo lo que conforma esta Calle, como amo tomar una copa o más con mis compañeros de mesa y barra. De todos ellos, solo el pirata tuerto me mirará mal, con ese ojo que no tiene. Me gusta esta Calle porque no es solo mía, es de todos los que la transitan, porque está llena de palabras que me acompañan en mis noches de luna llena, y sin palabras no somos nada. Y si me dejaran pedir un deseo, lo tengo claro........ cuando se jubile el Irlandés, que me traspase la taberna.


Nos vemos, pues, siempre que os apetezca gritar al viento. Brindaremos con buen vino, ese que trae Antifaz, y cuando suene la música soñaremos juntos en un despertar lleno de sueños. SALUD¡¡¡¡¡¡¡¡¡




miércoles, 30 de septiembre de 2009

NOCTURNO


En la noche acurrucada, dormida, durante el sueño, sueñan los sueños que son lo único que tienen vida sobre la tierra,

Cuando te duermes
para su rueda el mundo.
Mi amor te acuna.
Entro en tu alma desnuda
para velar tu sueño.

sueñan los sueños que ríen y que aman,

No es la rana
la canción de la charca,
luna de agosto.
Ni tormenta de estío.
Es mi risa, y mi dama.

sueñan que cantan y que bailan, que escriben versos y que hasta hacen el amor con su dueño.

Las jacarandas
secas y abandonadas
bailan conmigo
bajo hilos de agua.
Saciamos la sed de amor.

La noche nunca niega nada, es un sí perpetuo a deseos y quimeras -incluso a delirios- que la eterna Penélope que somos todos teje bajo el ojo blanco de la luna, hasta que el avance del día se encarga de destejerlos. Pero mientras aún apenas despunta la mañana, sueñan los sueños que no eran un sueño, y que despiertan para siempre.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

DESDE LA TERRAZA



Las últimas luces del día van oscureciendo el celeste del cielo,

contra el que se recorta la cinta parda de las descarnadas montañas.

Altas, rudas, acogen sin embargo tiernamente

en su regazo las casitas blancas de un pueblo blanco.

Una brisa infantil de lejanas reminiscencias a salitre marino

juega a dar empujones a las pacientes ramas de árboles

que, en espeso muro, sobre la hierba

que alfombra la tierra lisa, se yerguen en verde.

Verdes las jóvenes palmeras, verdes los naranjos niños,

verde la grama pespunteada por caminos de losas blancas,

hundidas pisadas que conducen a dos estanques,

el uno trebolado, el otro redondito ,

que azulan frescas aguas claras, transparentes, temblorosas.

Las sombras de los árboles, de los bancos que puntean la hierba,

se van alargando lentamente, ganando camino entre el verde.

Los últimos rayos del sol coquillean la piel, casi caldeándola aún,

y el aire, celoso, la acaricia aladamente y la besa.

Sereno silencio, infinita y traslúcida calma

se extienden como yedra. Una sonrisa lejana se esconde en ella.

Huele a verde de la hierba, a frescor del agua,

a soledad... Y a prometidas estrellas y luna

con carita de niña, de niña de plata,

que abrirán las puertas de la noche al canto del grillo,

y a la poesía de las cosas...

sábado, 18 de julio de 2009

RIEN DE PLUS




Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo.
Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.
Sólo quiero sentir esta luz en mis manos
y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón
y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.

Antonio Gamoneda



Mis sueños ya están en un sobre, mañana te los enviaré.
Acabo de meter en él el último que me quedaba.
Rien de plus. No va más.
Cuando los recibas pensarás que estoy muerto,
como todos los que entierran la última ilusión.
Por eso, una ducha fría te recordará que también estás muerta tú.
Tú, ya azul, sin voz, aguas transparentes donde arden azucenas blancas.
Ahora en tus ojos hay noche y una rosa de niebla
que exhalan el perfume de la nada.
Son la misma noche, rosa y perfume que empiezan a ocupar ahora los míos.
Recuérdame en las horas frías del amanecer,
recuerda el tiempo que viví, morí y sané en tus ojos,
el tiempo en que tenía nombre, y ese nombre sobrevivió inviernos.
Afinaré las cuerdas de una guitarra,
esperando al humo azul que anuncia la llegada que espero.
Y mientras, mi boca fría cantará aquella canción que tantas veces te oí.
Antes no era capaz de identificarla, ahora sé que era un blues.
CALLE QUIMERA

martes, 23 de junio de 2009

UN MILAGRO


La Taberna del Irlandés está vacía. Hoy no hay piratas tuertos ni capitanes cojos que vendan mapas antiguos que llevan fuera del mundo real, no hay payasos que hayan de pintar sonrisas falsas en sus caras blancas porque vendieron las suyas, las de verdad, ni droides llorando lágrimas de aceite porque jamás serán humanos. Dolor no se emborracha con el tabernero, Soledad y sus hermanas no se apoyan en el respaldo de la silla de cada parroquiano, Nostalgia y Desamor no se besan semiocultos por las penumbras de la mesa alejada que suelen ocupar. El violinista no arranca acordes a su viejo violín, ni el hombre blues a su saxo. No hay humo, música, risas, ni conversaciones. Solo las paredes desvencijadas de madera, los desgastados adornos colgados de ellas… La calle y la noche están como desnudas, sin magia.

Aún tienen que llegar Etinarcadia y el ángel de bata blanca. Íbamos a hablar de sueños, queríamos preguntar a quienes transitan la Calle por los suyos… Pero no sé qué decirles; la encarnación de uno de los míos más queridos, Vicente Ferrer, desapareció hace unos días, y se me han pasado las ganas de charlar sobre sueños. Sí, definitivamente se ha ido la magia.

Sentada, la cabeza apoyada en los brazos, que descansan sobre una de las mesas, entre los párpados vencidos por la somnolencia que me aqueja hace rato, alcanzo a ver en una de las paredes un cartel que no estaba allí antes: «Espera un milagro». Y se me escapa una sonrisa triste… “El que esperaba no ha llegado, Vicente, no pudiste superar la embolia sufrida hace tres meses. Se ve que ni los sueños pueden…”, murmuro. Creo que frente a mí se ha sentado un hombre sumamente delgado, viejo, arrugado, la mirada tan afilada como su nariz aguileña, pero no estoy segura. Tampoco importa…

- Te regalo ese cartel, ya no lo necesito. Lo que esa frase significa en realidad es que no hay que milagros, que hay que salir a buscarlos, aunque sean locuras. Si lo intentas con ahínco, muchas veces ocurren. He tenido ocasiones de comprobarlo- sonríe.

- Es fácil decirlo… - replico, sin saber muy bien si realmente estoy hablando con alguien.

- Soy barcelonés, ya lo sabes, con 16 años me alistaron en la Quinta del Biberón y combatí en una de la contiendas más sangrientas de la Guerra Civil: la batalla del Ebro. ¿Sabes lo que es no dejarse matar y no matar a nadie en las entrañas de un infierno?

- Un milagro…

- Yo lo hice. Disparaba al cielo, no quería quitar la vida a nadie. Y sobreviví. Allí aprendí lo que es el sufrimiento humano, y poco después que la paz no solo es la ausencia de conflictos sino también la lucha contra la discriminación, el dolor y la pobreza. Una quimera, ya lo sé, pero tras la guerra decidí dedicar mi vida a esa lucha. Me atrajo la Compañía de Jesús , la imagen de heroicidad, sabiduría, grandes ideales y lucha por un mundo mejor que en esos momentos veía en ella.

Sonreí y sonrió, aunque ninguno de los dos apostilló nada.

- Así que dejé mis estudios de Derecho e ingresé en la orden -continuó- A petición mía me enviaron a la India como misionero para completar mi formación espiritual.

- Con oraciones no se salva a nadie de la pobreza.


- Es justo lo que pensé cuando llegué a mi destino, Mammadh, pequeña localidad al norte de Bombay. El infierno sobre la tierra… Cuando empecé a pasear por las calles comidas de miseria supe que yo no había llegado hasta allí para orar, ver y callar, y elevar la estadística de bautizos. Nunca les hablaba de Dios, había otras prioridades. Una dama católica me cedió un terreno, y empecé a construir en él una escuela, con mis propias manos. Después vino un hospital, luego pozos…

- Je.. Pues se debieron de poner contentos en la Compañía de Jesús. Un misionero “progre” que en vez de evangelizar se dedica a la albañilería.

Una sonrisa pícara pareció borrarle años de encima.

-Si solo hubiera sido eso… También me dediqué al teatro, a la sicología, a la economía…

- Cuéntame eso…

- Lo más difícil era que el pueblo entendiese que solo a través del trabajo y la solidaridad se podría salir de la miseria extrema en que se hallaban. Así que emprendimos una campaña de concienciación por las aldeas, a través de un montaje teatral. La obra se titulaba EL MILAGRO DE DAR.

Entre el auditorio se invitaba a diez campesinos a subir al estrado. Yo les preguntaba:

-¿Tú que necesitas?

Uno decía:

-Agua.

El otro:

-Un pozo.

El problema era el mismo. Yo cogía una rama de un árbol y se la entregaba al primero.

-Toma, supón que esto son diez mil rupias. Imagínate ahora que con este dinero has podido cavar el pozo, tienes agua, puedes regar y asegurar una buena cosecha... ¿Qué es lo que haces ahora?

-Pues lo pagaré. Pagaré lo que debo.

-Y ¿qué me pagarás?

-El doble.

-No -lo atajaba-, yo no quiero el doble. Quiero sólo lo que has recibido, no quiero más.

Acto seguido, pasaba la rama al siguiente y repetía la secuencia, y así hasta el décimo. Al final preguntaba al público:

-Bueno, ahora haced cuentas. ¿Con cuánto dinero hemos empezado?

Y todos a uno respondían:

-Diez mil rupias.

-Pero ¿cuántos pozos hemos excavado con diez mil rupias?

-¡Diez pozos!

-¿Lo habéis comprendido?

-¡Sí! - gritaban.

-O sea, que ahora se han cavado diez pozos y tengo el dinero en mis manos.

Supongamos que el tercero no lo hubiese devuelto, porque es egoísta, ¿qué hubiera pasado? Que los tres primeros tendrían el pozo y los siete restantes, muertos de hambre, hubieran tenido que emigrar.

Pero todos han cumplido su compromiso, han sido solidarios. Y como por arte de magia, todos tienen su pozo. Éste es el milagro de dar. Para ser rico hay que dar.

- El milagro de dar… Yo soy de Letras puras, pero toda la impresión es de que con un sistema así se terminaría con la pobreza en el mundo.

- Terminar con la pobreza no es una utopía, poco más tarde demostré que es posible, y en la zona más pobre de la India, Anantapur. No creas que son imaginaciones mías, hay por ahí artículos escritos por economistas que lo confirman- sonríe, guiñándome un ojo- Lo que sí es una utopía es que determinada altas instancias den facilidades para eso…

- ¿Qué ocurrió?

- Mis métodos se extendieron por muchas aldeas, y empezaron a no gustar. Las autoridades locales me consideraban demasiado popular y poderoso y quisieron echarme, la Compañía de Jesús me quiso atar corto y reconducir… Y al fin me llegó la orden de expulsión. Pero de nuevo ocurrió el milagro. Miles de personas, entre ellas un grupo de intelectuales, políticos y líderes religiosos se manifestaban periódicamente en Bombay en contra de aquella decisión, y el alboroto traspasó fronteras. ¡Hasta fui propuesto para Premio Nobel! Al final, Indira Gandhi dijo la última palabra, un telegrama suyo leído ante más de 30.000 manifestantes zanjó la cuestión: «El padre Ferrer marchará al extranjero para pasar unas cortas vacaciones pero será bienvenido a su vuelta».

Tuve que irme, pero regresé al año siguiente. Eso sí, en ningún estado me permitieron quedarme sus gobernadores, solo el de Andhra Pradesh, una de las zonas paupérrimas de la India, me admitió.

- Supongo que esperando que el desánimo te hiciera regresar por donde habías venido.

- Poco me conocían… Me instalé en Anantapur, la tierra más pobre de aquella región, donde la escasez de agua llegaba casi a la desertización y la sanidad y la educación eran prácticamente inexistente. A los tres días de llegar junto con seis voluntarios incondicionales, una organización protestante nos cedió una casa a medio construir y vacía. De una de sus paredes colgaba ese cartel que te he dejado en la Taberna, “Espera un milagro”, y decidí no aguardar, sino ir en su busca.

- ¿Cómo encara uno, sin más medios humanos que seis idealistas, a dos millones de “intocables”, de pobres entre los pobres, cómo se les saca de un hambre y una marginación seculares?

- Siendo uno de esos dos millones, viviendo toda mi vida en el mismo barrio pobre que ellos, en una casa como las demás, trabajando con ellos, respetando sus costumbres, opiniones, y a sus dioses, sin intentar imponer el propio.

- ¡¿Un misionero jesuita que no catequiza y admite ídolos?! ¡Pero eso es la revolución!

- No solo eso, también emprendí una planificación familiar seria - añade, guiñándome un ojo con picardía- Era absolutamente necesaria si quería erradicar la extrema pobreza que les afligía.

- Pero eso choca con los postulados de la Iglesia…

- Yo soy hombre de profundas convicciones religiosas, Avalon. Mi primer punto de apoyo inquebrantable, fijo como una roca, es la convicción de que Dios es. Y si Dios es, entonces ya todo está hecho. Ya no tienes que preocuparte de nada. Después está la providencia. Pero a la providencia hay que ayudarla. Para que mi misión fuera universal en una zona con gentes de todas las creencias y consiguiera su objetivo de erradicar la pobreza y el hambre no podía tener un cariz religioso.

- ¿Cómo reaccionó la Compañía de Jesús?

- Bueno, lo puedes imaginar… Terminé colgando los hábitos, y casándome con Anna, periodista inglesa que cubría las manifestaciones de Bombay y que desde esa época se convirtió en mi mayor apoyo. Con ella creé el RDT (Rural Development Trust o Consorcio para el Desarrollo Rural), según los periodistas el instrumento con el que se puso en marcha la mayor transformación que se recuerda en un estado indio a manos de una organización no gubernamental. Y en 1996 vio la luz la Fundación Vicente Ferrer, que lleva apadrinados ya más de 135.000 niños- sonríe con orgullo.

- Así pues, conseguiste el milagro…

- Salí a buscarlo fuera de las paredes de aquella casa medio en ruinas que me cedieron, sí, y hoy ese milagro tiene cifras: más de 2,5 millones de personas de 1.874 pueblos del distrito de Anantapur, que se acerca a los cuatro millones de habitantes, se benefician de los proyectos de RDT y la FVF. A lo largo de estos años se han construido 39.000 viviendas para las familias más desfavorecidas, tres hospitales generales, un centro de planificación familiar, un centro para enfermos terminales de sida y 14 clínicas rurales, 1.696 escuelas y 120 bibliotecas que educan a 158.000 alumnos de primaria y secundaria. Y luego están los centros especiales para invidentes, sordos, discapacitados psíquicos; un total de 1.300 ‘shangams’ acogen a 15.600 personas con distintas discapacidades, que cuentan además con 18 escuelas residenciales.

También hemos sacado agua de donde no había: miles de pozos afloran por todo el distrito y casi 2.300 embalses de distintos tamaños consiguen dos y hasta tres cosechas por año gracias a los casi tres millones de árboles frutales plantados. Además, más de 70.000 mujeres se han unido en más de cuatro mil asociaciones para que puedan participar activamente en cualquier aspecto de su vida o de la vida de su comunidad con los mismos derechos del hombre.


- Pero el verdadero milagro no es darles la oportunidad de disponer de bienes tan básicos como el agua o la sanidad, de comer, tener un trabajo digno y una vivienda, algo impensable para la casta de los intocables, que sus hijos tengan la educación que ellos no recibieron… El milagro es haberles dado la oportunidad de ser, haberles devuelto la dignidad a que todos los hombres tiene derecho.

- Así es, tienen ese derecho. Yo no pretendo más que lo que pretendo, Avalon. La locura siempre estuvo dentro de mí. Para restaurar esa dignidad necesitamos hacer más casas, construir más escuelas y hospitales, ayudar a más y más seres humanos que saben que somos su esperanza. Esto es soñar, pues sí; esto es esperar un milagro, pues también. La providencia nunca nos dará la espalda.

- ¿Qué va a pasar ahora…? ¿Cuál es el futuro de tu sueño, de tu milagro?

- La Fundación Vicente Ferrer no se acaba con Vicente Ferrer, solo ha empezado con él. El futuro es que el mundo sea mejor. Mi mujer y mis hijos se encargarán de continúe mi quimera. Mi realidad.

- ¿Por qué has venido a la Taberna, Vicente?

- Para traeros este cartel, para explicarte qué significa “esperar un milagro”, que la locura es necesaria, la esperanza imprescindible, la revolución posible, los sueños realizables, y que los milagros existen. ¿No es acaso uno el estar yo aquí hoy? - sonríe.

Dirijo la vista hacia el cartel; aun en medio de la oscuridad la frase se distingue con claridad absoluta. Miro al frente, pero ya no hay nadie. Probablemente nunca lo ha habido, pero ese letrero sigue ahí… Etinarcadia y el ángel de bata blanca se acercan, oigo sus pasos. Íbamos a hablar de sueños, ahora puedo participar en esa conversación.

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Vicente se ha ido, pero su sueño sigue vivo. Tú, que nos lees y crees en los sueños, puedes contribuir a demostrar que hacerlos realidad es posible apadrinando a uno de los millones de niños que aún viven en la mayor de las indigencias por 18 euros al mes. Para ti, esa cantidad no significa nada, para ellos es todo, es su futuro y el de su familia.

https://www.fundacionvicenteferrer.org/esp/home.php?s=61

sábado, 30 de mayo de 2009

ANTONIO



Si de mi playa tú eres el faro
Dónde voy sin ti…
Si de tus brazos yo me separo
Qué va a ser de mí

Que te quiero, sí, que me muero yo
Que no puedo vivir sin tu amor


Cuando Lola Flores cantaba esta copla estaba lejos de imaginar hasta qué punto era premonitoria su letra. Hoy hace 14 años que murió Antonio, su hijo, 14 días después de la Faraona, a la misma hora. No quieren ser estas líneas un homenaje a Antonio Flores, no. Los homenajes, como el amor, se dan en vida, después de poco sirven, y más si van dirigidos a alguien a quien solo se le reconoce después de muerto lo que se le negó cuando estaba vivo. Tampoco intentan ser el retrato de una víctima de las circunstancias en cuyas coordenadas nació y se movió. Ya lo dijo él: “Cada uno es dueño de su vida, cada uno es su Dios y su demonio, y eso es la Biblia”. Y él fue eso que dijo.

Estas líneas son nuestro recuerdo a un hombre que se buscó a sí mismo entre la inextricable maraña que formaron sus apellidos, la fama que con ellos le vino impuesta y la rentabilidad que otros querían sacarles, su raza, los ambientes inarmonizables en que se desenvolvió su vida incluido el de la marginalidad, los distintos palos del arte en que incursionó y la necesidad de identificarse con alguno de ellos y autoafirmarse como artista y como hombre…

Una sobredosis de droga, fortuita o no, terminó con esa búsqueda incansable en la que se dejó mucha piel, mucho sufrimiento e ilusiones: la búsqueda de Antonio, que no de Antonio Flores. A ése ya lo conocía… Tuvo que morir para que se le considerase un artista malogrado, pero él, que se había estado moviendo entre el aplauso y el fracaso, la incomprensión y el triunfo, se había perdido ya para siempre en el laberinto de su soledad, preso de un desvalimiento casi ontológico. “Conocemos a cantidad de gente, pero amigos... solo la familia y 4 ó 5”, decía.

Sensible, frágil, de espíritu atormentado, generoso, rebelde, tierno, impetuoso, creativo, amigo de sus amigos, a quienes lo daba todo, y siempre muy pendiente de quienes tenía alrededor, ni el cariño de su familia, al que correspondía con pasión, ni el estar rodeado de gente consiguieron nunca sacarlo de una clausura anímica endémica en él, ni ubicarlo en ningún lugar del mundo.

“Desde que salí de la vagina de mi madre ya me hicieron una foto. Fui famoso sin quererlo. Ahí va el niño de Lola Flores.”, contaba... Decía que no le importaba. Era gitano y se sentía gitano, desde muy pequeño. Nada más entrar por las puertas se sacaba su ropa de niño “bien” hasta quedar en calzoncillos, y se iba a jugar como el salvaje que él mismo decía que era al jardín de la casa de niño rico y payo en que vivía, "el Lerele". No había reglas para comer - solo se le exigía que comiera, aunque fuera con la manos - ni para nada, únicamente se le reñía cuando hacía algo que pudiera comportarle un peligro físico. Fue mal estudiante, incluso expulsado del Liceo angloespañol madrileño, pero es que no había allí nada que le interesase aprender. En su casa sí… Había una madre a la que solo veía cada 5 ó 6 meses, pero que lo llenaba de regalos, de amor, y que le enseñaba a amar a la familia, que en las fiestas que allí se daban le permitía bailar, cantar y tocar la guitarra y la batería con solo 10 años.

A los 18 ya tiene publicado el primer LP y le llega el primer éxito: su versión rockera del “Pongamos que hablo de Madrid”, de Joaquín Sabina. Debuta formalmente en el cine con “Colegas”, de Eloy Iglesias, tras la cual vendrán otras películas, series… Dibuja cómics, esculpe, compone música, aprende a tocar varios instrumentos… “De oído”. Se sabe artista y su vida entera será un intento de demostrarlo, de hacerse un hueco propio en el mundo de la música.

Todo había rodado demasiado rápido, demasiado, amaba la vida y tenía prisa por saber lo que había tras cada recodo de ella, sin importarle lo que quedase en el camino. Tras el servicio militar se dedica a vivir la noche y comienzan los problemas con la droga, y como consecuencia de ellos las dificultades en su carrera artística, se acrecienta la fama de “maldito” que se había granjeado en las discográficas por su empeño de mostrar su talento al margen de los apellidos con que había nacido, en ser solo Antonio, el Antonio que buscaba, y no Antonio Flores, el que vendía.

Y también llegó el calvario para toda la familia, que lo arropó con verdadera dedicación. Lola Flores gastó fortunas intentando sacarlo de ese infierno, pero ella sabía que solo saldría a base de cariño, de diálogo, sin riñas, sin escenas ni aspavientos… Lola fue una gran artista, pero mejor madre aún. Su relación con los tres fue muy intensa, siempre supo dar a cada uno lo que necesitaba, sobre todo a Antonio, el más desvalido anímicamente. Con él pasaba horas, incluso hasta bien alta la madrugada, hablando de la vida, de religión, del universo, de las estrellas… De aquel firmamento que fascinaba a su hijo, en el que quizás buscaba la ubicación que no terminaba de encontrar en suelo firme. Esas conversaciones se multiplicaron cuando Lola supo el problema que tenía su Antonio, mandó instalar en el jardín de “El Lerele” una casita prefabricada de madera para tenerlo cerca… Y su amor, tacto y paciencia consiguieron arrebatárselo a la droga.

La relación entre ambos fue siempre muy fuerte, rayana casi en el complejo de Edipo. Para Antonio nadie era como Lola, tan buena, tan guapa, tan comprensiva, tan protectora… Su sentimiento de orfandad cuando muere la Faraona es inconsolable. Había perdido el faro de su playa. La mano enyesada que mostraba en el último concierto que dio, cuatro días antes de la sobredosis de estupefacientes y alcohol que lo reunió con ella definitivamente, dicen que fue de un puñetazo que dio tras verla muerta. También dicen que estaba mal, muy cansado, muy deprimido, al borde del abismo. Se metió en la casita de madera y pasó días allí encerrado, no comía, no dormía, las horas se le consumían en componer, componer sin cesar intentando escribir una canción para su madre, su musa, la que lo amó sin condiciones.

El 30 de mayo tenía que ensayar en el estudio. Su manager y sus amigos aseguran que a pesar de hallarse literalmente roto tenía muchas ganas de vivir, de trabajar y salir adelante. Pero no llegó al estudio de grabación. Sus músicos no pudieron ya hacer más que acompañarlo al cementerio junto a su padre y sus hermanas, que, como protagonistas de una tragedia lorquiana, solo 14 días después de enterrar a su madre de nuevo vestían de negro para acompañar otro féretro. No hubo en su sepelio llantos, ni gritos, ni lamentos, solo silencio, un denso silencio.

Mayo es un buen mes para morir, aunque no lo parezca. Y se muere de muchas maneras… Quedémonos en abril, cuando aún estábamos vivos.



domingo, 24 de mayo de 2009

TRES MIRADAS. A BENEDETTI




Primera mirada: Malena


Segunda mirada: Elsa


HAPPY BIRTHDAY


¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo
ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo?
¿cómo serán los demás sin este servidor?
¿o existirán tal como yo existo
sin los demás que se me fueron?
sin embargo ¿por qué algunos de éstos son una foto en sepia
y otros una nobe en los ojos
y otros la mano de mi brazo?
¿cómo seremos todos sin nosotros?
¿qué color qué ruidos qué piel suave qué sabor qué aroma
tendrá el ben(mal)dito mundo?
¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio?
¿vanguardia del olvido?
¿qué será del amor y el sol de las once
y el crepúsculo triste sin causa valedera?
¿o acaso estas preguntas son las mismas
cada vez que alguien llega a los sesenta?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?

Mario Benedetti


¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo…? Dejo la vista vagar a través de la ventana. El aire que entra por los cristales y se detiene en mi rostro, en mis brazos, mueve apenas las hojas del limonero. Ya era viejo cuando mi abuela compró esta casa, pero está cargado de frutos, como cada año.

El incesante ronroneo de los motores de coches que no dejan de pasar por la antigua carretera comarcal hace de contrapunto al trino incesante y aturdidor de pájaros desocupados que vuelan de rama en rama, y al de las golondrinas que han llegado esta primavera para hacer sus nidos en el porche.

En la ventana del caserón que linda con éste hay un hombre asomado. Es el tercer dueño que le conozco a esa finca. En las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado…
Por la vereda de enfrente, cogidas del brazo y charlando animadas, se acercan sin prisas pero a paso contento mis vecinas de al lado, Lola, viuda desde hace un par de años, Josita y Marta, abuela, madre e hija respectivamente. Tres generaciones de mujeres. La menos habladora es Marta, a ratos como ausente, pero con una sonrisa entallada en los labios casi todo el tiempo. He oído decir que anda enamorada, con novio. Seguramente no tardarán en ser cuatro las que avancen por la vereda.

Esquinado con el marco de la ventana hay un escritorio sobre cuya tapa se apiñan fotos familiares, una de ellas la última que se le hizo a mi abuela. Era aún muy guapa a sus 84 años, y tan risueña como se muestra ahí. Este mes habría cumplido los 110… La miro de reojo, o me mira ella de frente, no sé, y la veo sentada ante la mesa que hay bajo el ventanal, jugando a solitarios con naipes y haciéndose trampas, deteniéndose a ratos para dejar vagar la vista a través de las cristaleras, saludando con la mano a quienes pasaban por la vereda, fijándose en quién se asomaba a la ventana de la casa de enfrente. Porque en las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado… Le gustaban los pájaros, y dejaba miguitas de magdalena en el alféizar para que acudieran a picotear. A veces se colaba alguno en el interior de la casa por entre los cristales abiertos, junto con el ruido de los coches que circulaban por la comarcal. En aquella época eran pocos, pero las carreteras nunca están vacías. La recuerdo arrancando limones, hasta dejar las ramas casi peladas, y haciendo limonada para la turba de nietos que allí nos reuníamos. Cuando estaba lista acudíamos en tropel. Como los pájaros… Como esos que no eran los que tengo ahora enfrente de mí. Tampoco los coches que circulaban por la comarcal son los mismos, ni siquiera los que veo día tras día pasar, sin dejar tras de sí más que ruido de motor y estela de humos. Pero las carreteras nunca están vacías. Ni el limonero deja de estar cargado de frutos, año tras año.

¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo…?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?

Sí que conocemos las respuestas, están detrás de mi ventana, y en unos versos de R. Juarroz:

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría.
(...)
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

No, no hace falta salvar a un hombre para salvar el mundo. Por eso seguramente lo que nos preocupa no es un mundo sin preguntas, sino uno con respuestas.

martes, 19 de mayo de 2009

EL REGRESO

















"Al final no me será posible ir a Sevilla. Me ha surgido un imprevisto". Así más o menos decía el SMS que me había enviado al móvil Etinarcadia tres días antes del "día D".

No me lo podía creer.... Después de semanas planeando lo que habría de ser nuestro primer encuentro... Un rato después, otro SMS. "Era broma, tía cutre. ¿A que te lo habías creído?". El niño es así, le encantan las bromitas.

Pero existe la justicia, sí... Justicia poética fue lo que hizo que cuando llegó por la mañana temprano al aeropuerto, en el mostrador de su compañía de vuelo le dijeran que su nombre no figuraba en la lista de pasajeros. Je.. Y eso sí que no era ninguna bromita. Por fin se pudo aclarar la situación, pero mientras sí y mientras no, los sudores de la muerte lo bañaban enterito. Lo dicho, justicia poética.

Pip..pip..pip... Suena mi móvil según entro en el terminal de Vuelos Nacionales convenientemente peluquereada, arreglada (renunciando a mis sempiternos vaqueros con dolor de mi corazón, pero...) y con tiempo suficiente por si, inocente de mí, el avión llegara a tiempo o incluso con algo de adelanto. Pip..pip..pip.... "El vuelo sale con una hora de retraso", decía el SMS. Eso tampoco era una bromita. Una hora dando vueltas por allí, botas de taconazo que nunca uso y que me mortificaban los pies, hasta que al fin veo aparecer a Etinarcadia por la puerta de desembarque.

Fue curioso.. Hacía año y pico que nos escribíamos, hablábamos por teléfono, nos mandábamos fotos nuestras, de nuestros niños, incluso de nuestro entorno, y esta era la primera vez que íbamos a estar frente a frente. Durante aquella hora y pico de espera me había estado preguntando de nuevo cómo reaccionaríamos en ese momento, si nos pondríamos nerviosos, si de repente casi ni sabríamos de qué hablar... Pero no ocurrió nada de aquello. Nos dimos un fuerte abrazo, un beso y fuimos en busca de un taxi charlando animadamente de los contratiempos del vuelo. Como si nos conociéramos físicamente de toda la vida.


Llegada al hotel, restaurante para reponer fuerzas tras los avatares del viaje y, tras un breve rato de descanso y conversación que nos sirvió para conocernos un poco mejor, sin piedad, comienzo de la ruta turística. Hay muchas cosas que ver en Sevilla, y los tres días de que disponía Etinarcadia pocos como para desperdiciar momentos. Nuestro emblemático barrio de Santa Cruz, antiguo barrio judío lleno de magia y leyenda, fue el punto de partida. Un agradable paseo en que nos perdimos por callejones estrechos, umbríos, flanqueados por casas, unas señoriales y otras no tanto, con hermosos patios típicos en que numerosas plantas y fuentes ofrecen un colorido, sonido y aromas incomparables, callejones y plazas por donde aún resuenan en confusa amalgama los rezos de Santa Teresa, la santa de Ávila, la voz de la insigne actriz dramática María Guerrero ensayando su papel en alguna obra, los pasos presurosos de don Juan Tenorio al encuentro con su amada doña Inés y los de Murillo, camino de su casa.


De allí salimos a la zona de Santa María la Blanca, lugar donde se erige la iglesia del mismo nombre, una de las más bellas iglesias sevillanas. Antigua sinagoga, fue transformada en templo cristiano a finales del s. XIV y remodelada definitivamente a mediados del XVII. En ella me bautizaron. Las iglesias antiguas constituyen una de las pasiones de Etinarcadia, y ahí permanecimos sentados un buen rato, arropados por la exquisita y barroca decoración entre la que destacan las abigarradas yeserías que recubren las bóvedas.

El resto de la tarde estuvimos paseando por el dédalo de las callecitas con más solera del casco histórico de la ciudad, tampoco demasiado tiempo. Ambos estábamos cansados después de toda la semana de trabajo, y ese viernes había sido un día de muchas emociones, así que nos fuimos de recogida pronto.

El sábado fue un día que no olvidaremos ninguno de los dos. Lo recogí temprano en el hotel, pues la agenda del día era apretadita. No tenía muy buena cara, cosa que achaqué al cansancio del día anterior, pero no...

-No encuentro las pastillas, las debí de perder ayer en el aeropuerto.

En aquella época necesitaba medicación para esos nervios que se lo comen vivo, y llevaba todo el viernes sin tomarla. El problema era que necesitaba receta para poder comprarlas, y a ver dónde encontrábamos un médico en sábado.


Pensando que con las visitas turísticas quizás se entretuviese lo bastante como para poder prescindir de las pastillas, nos dirigimos al centro de la ciudad. Etinarcadia siente especial debilidad por las catedrales, y la de Sevilla es espléndida, la más grande de España y la tercera del mundo en tamaño, así que en sus muros fuimos a recalar. Yo le explicaba la historia de cada parte de la seo, de distintos estilos artísticos, las diferentes puertas de acceso... Mientras, lo miraba de reojillo. Aquella cara no se recomponía... Iba de mal en peor, como los pollos del antiguo Simago.

-Mira los pináculos. Eran la expresión de la espiritualidad de la época, del intento de acercamiento a Dios...

En vista de tan pertinaz silencio yo seguía hablándole sobre la finalidad del arte gótico, pensando que estaba muy interesado en lo que le contaba, pero me mortificaba un poco que no mirase hacia arriba para contemplar aquellos elementos arquitectónicos de exquisita belleza.

Hasta que por fin habló...

- Si yo ya sé todo lo que me estás contando sobre el Gótico, es que no puedo mirar para arriba. Tengo los mareos de la muerte.

Fue de esos momentos en que deseas con toda tu alma que la tierra te trague, y por pura casualidad te encuentras en el casi único sitio de toda la ciudad donde no hay ni un mal hoyito ni socavón que llevarte a los pies. Qué malita cara tenía el xiquet... Nos sentamos en la terraza de una cafetería a tomar algo, a ver si se le pasaba. Pero en vista de que no, dejamos la ruta turística e iniciamos un tour farmacéutico, con la vana esperanza de que en alguna botica nos dispensaran sin receta aquel medicamento. Tuvimos la inmensa suerte de que en la primera que encontramos, cuando Etinarcadia expuso el problema, se apiadaron y la chica que nos atendió nos vendió la cajita mágica. Le dimos las gracias creo que en veinte idiomas... Y mi amigo se tomó la pastillita. Poco a poco aquella cara empezó a tomar color de piel humana. El de antes, carece de adjetivo en nuestra lengua que lo denomine.

Estuvimos paseando hasta la hora de comer, pues no estaba muy centrado para entrar en la Catedral y otros monumentos y apreciarlos debidamente, y tras reponer fuerzas en una de las típicas tasquitas de la zona encaminamos nuestros pasos hacia el museo de Bellas Artes. Yo tenía la seguridad de que nuestra pinacoteca, la segunda en importancia después del Prado y de la que como sevillana me siento orgullosa, contribuiría a calmar los ánimos de mi amigo, que, a pesar de haberse tomado la pastillita, no estaban muy bien. Le encanta la pintura... El primer contratiempo fue que las salas de Velázquez se hallaban cerradas al público esos días. Bueno, qué remedio. Ahí estaban para epatar Zurbarán, Murillo.... Ya lo creo que epataron. Hicimos un recorrido por varias salas antes de llegar a Murillo. Siento particular debilidad por todo lo Barroco, así que me entretuve en disertar sobre el Tenebrismo ante cuadros de Zurbarán y Ribera y después su influencia en los juegos de contraluces de parte de la producción de Murillo. Ensimismada en ello, apenas miraba a Etinarcadia. Hasta que de nuevo empiezo a verle ese color que no tiene nombre en la cara.

-Vámonos, me estoy poniendo malo con el ... (aquí, taco) Murillo este, los tenebristas y la madre que los trajo a todos.

Salimos del Museo lo más rápidamente posible. Etinarcadia dice muchos tacos, pero es una persona de una sensibilidad extrema; a lo ya visto de los pintores tenebristas se le sumaban los
ingrávidos abismos en que se le convertían los fondos desvaídos, tan fundamentales para las perspectivas, de algunos cuadros del pintor sevillano. Era como sumirse en ellos, y se alteró. Hasta tal punto que le sudaban las manos. Así que, de nuevo, a una cafetería.

Estuvimos charlando un buen rato sobre la impresión que le habían producido aquellos cuadros, del arte de los Siglos de Oro, y terminamos sacando a la palestra al Quijote. Si hay una obra con la que yo me entusiasme y apasione es con esa... Empecé y ya no fui capaz de parar. Y como él escuchaba sin protestar lo más mínimo y hasta me hacía preguntas y todo, pues yo seguía. Más adelante me diría que había disfrutado mucho con aquella charla. Pobrecito, qué bueno es....


Cuando se sintió mejor abandonamos la cafetería y ya pasamos el resto de la tarde deambulando por las calles del centro, curioseando en tiendas de discos, libros... Pero estaba escrito que esa tranquilidad no había de durarle mucho. Mientras caminábamos por la Plaza del Duque charloteando sin parar, fui a meter el tacón finísimo de una de mis botas en el único sitio en que había una losetita rota. Y fui a dar todo lo larga (o mejor dicho, corta) que soy en el suelo sin que mi pobre acompañante pudiera hacer nada por evitarlo. Asustado, me ayudó a levantarme, preguntando sin cesar y con el rostro lívido si estaba bien. Lo único que había sufrido era una de mis medias, que tuve que tirar al llegar a casa, y mi reloj, que siguió la misma suerte. Por lo demás me encontraba perfectamente, ni un rasguñito ni el más mínimo dolor. Eso sí, el ataque de risa no lo pude evitar por lo ridículo de la caída y sobre todo por la expresión agobiada de Etinarcadia, que estaba visto que no ganaba para sustos aquel día.


El domingo apareció ligeramente nublado, pero pronto salió el sol y aprovechamos para dar una caminata por el parque de María Luisa a fin de poder admirar, entre otras de las numerosas bellezas que contiene ese recinto, la famosa Plaza de España, un semicírculo en cuyas paredes están representadas todas las provincias españolas mediante mapas y mosaicos hechos en artísticos azulejos de Triana alusivos a hechos históricos y con el escudo de cada capital de provincia. A Etinarcadia le faltó tiempo para dirigirse al de Valencia, que él es "che" de corazón y ejerce de ello.


De allí nos encaminamos a buen paso a la parte de la zona centro que aún no habíamos visto, y después a comer a la terracita de un restaurante cercano a la catedral, cuyo interior pensábamos visitar tras el almuerzo. Las nubes de primera hora de la mañana aparecían de nuevo amenazadoramente densas y grises en el horizonte, y soplaba un vientecillo airado que no presagiaba nada bueno. Y nosotros sin paraguas... Para colmo, aparece en escena una mujeruca, la mínima expresión de una persona, desaliñada y con una ajada guitarra de niños en las manos. Comenzó a "cantar" en el colmo de desafine algo que no fuimos capaces de identificar, a la vez que arrancaba sonidos discordantes de aquel instrumento que obviamente no sabía tocar. La cara de Etinarcadia era un poema.... Nunca olvidaré la mezcla de asombro e incredulidad en su expresión mientras miraba a aquella mujer. Por suerte aquel "concierto" tuvo lugar cuando ya finalizábamos la comida. Si no, estoy cierta de que a mi acompañante no le pasa bocado.

No voy a caer en el chiste fácil de decir que los graznidos de aquella mujer terminaron por desatar la furia de los cielos, pero lo cierto es que una vez que le dimos algún euro y que pagamos la cuenta del restaurante empezó a llover como si nunca hubiese llovido, y como si no fuera a dejar de hacerlo. Tuvimos que refugiarnos durante un buen rato en el interior del local, hasta que el agua se aplacó como para poder salir de allí e ir a comprar un paraguas a una de las tiendecitas de souvenirs que abundan por los alrededores.


Nos encaminamos hacia la Catedral, segura de que la visita a las 5 naves y las capillas con que cuenta, la grandiosidad y riqueza arquitectónica de aquellos interiores, satisfaría las expectativas de mi amigo. Tuvimos que guardar una cola respetable para poder entrar, bajo una lluvia intensa de la que el paraguas no nos protegía demasiado. Pero lo que nos esperaba en el interior merecía la pena. Cuando al fin nos tocó el turno empezamos a deambular por una de las naves... hasta que nos encontramos con unas vallas que nos impedían pasar al resto de ellas. Solo se permitía aquel día visitar una de las cinco naves. Tanto esperar para al final no poder ver casi nada...

Salimos un poco desencantados de la Catedral, y, bajo una lluvia ya tímida pero de la que nos apetecía guarecernos, nos dirigimos a una cafetería. Domingo tarde, hora de partidos de fútbol, camarero "total" con su transistorcillo por allí escondido, bajo la barra, para no perder detalle de la jornada futbolística... Qué se le fue a poner por delante a Etinarcadia... Entre lo que le gusta el deporte rey y que no tiene el menor empacho para empalmar la hebra con desconocidos, en un rato se había hecho amigo del alma del camarero. Qué rato me dieron de goles, jugadas y resultados...

El lunes era nuestro último día juntos; a media tarde partía su avión, así que nos quedamos toda la mañana sentados charlando en uno de los confortables salones del hotel. La verdad es que estábamos cansados de las caminatas de los días anteriores, y nuestros cuerpos agradecieron el descanso. Y mis pies, mortificados por los taconazos, también... Incluso a la hora de comer decidimos quedarnos en el mismo restaurante del hotel por no tener que andar buscando un sitio donde hacerlo. Tuvimos hasta suerte, porque ese día éramos los únicos clientes y dispusimos para nosotros solos del comedor y del camarero, que nos atendió con todo el esmero del mundo, y con el que nos estuvimos contando mutuamente media vida. Música ambiental, todo un comedor para nosotros, atentísimo servicio en exclusiva ... Una escena propia de películas.

Después, recogida de equipaje, taxi y aeropuerto. Tuvo su puntito de tristeza esa despedida, era inevitable. Habíamos hablado mucho, habíamos hecho muchas cosas, pero tres días era poco tiempo para ponernos al corriente, sin los habituales inconvenientes del teléfono y de los horarios de trabajo y demás obligaciones, de todos los años que habíamos estado sin conocernos. Nos quedó mucho por hablar, mucho por hacer de cuantos planes habíamos forjado en las semanas anteriores, mucho por terminar de conocernos con esa tranquilidad que da tener las horas por delante a nuestra total disposición. Pero ya tenemos el "rodaje" hecho. Pronto nos volveremos a ver, ya lo tenemos previsto, y esta vez seguramente podremos concluir todo cuanto nos quedó pendiente. Quizás antes de que vuelvan a florecer los azahares, nuestras flores, las de Valencia y Sevilla.