
Un pez en busca de un río, un alumno sin guru… Así se define Ashbless en su perfil y así es él, alguien que busca, como todos, su sitio en el mundo y aprender lo necesario para hallar ese sitio. El camino nunca es recto, ni llano, hay multitud de trochas y revueltas por donde perderse hasta volver a encontrar de nuevo el rumbo; aprender de forma autodidacta siempre es duro, pero es la única forma. La introspección no es siempre el método infalible para disipar incertidumbres, para espigar de entre aciertos y errores aquello en que realmente acertamos y fallamos para que nos sirva de brújula, pero Ashbless persiste en el empeño, en su aprendizaje, en su buceo interior para hallar la dirección correcta, alguna lucecita que la ilumine de vez en cuando. Como esta, “El vuelo del águila”.
Gracias, compañero y amigo, por permitir que tu águila volase hoy por esta calle.
Otra vez asomo en este blog, como el Guadiana, como el buceador que respira entre zambullidas.
El día a día es un viaje. El camino, tan claro o difícil como escojamos. Y aunque atravesemos los más profundos valles, nos sorprende a veces encontrarnos tan altos como el nido de un águila.
Son momentos de claridad, de lucidez, en que nos podemos orientar y redirigir nuestros pasos. Y así evitar los pantanos y precipicios que ya empezabamos a considerar nuestras mejores opciones. Tras cada uno de estos destellos de luz, intentar traducirlos a palabras es perderlos como arena en el río. Queda apenas una huella, la esperanza de que otra cosa es posible.
Es tan posible forzar esta sensación como acelerar un vagón de metro empujando la pared frontal del compartimento. Solo podemos hacer lo contrario, darnos un respiro, disolver las certezas o temores cotidianos, y así abrirnos a otra realidad además de la inmediata.
En nosotros, en todos nosotros, niños, viejos, valientes y derrotados, existe una extraordinaria capacidad para comprender el mundo, para extraer conclusiones propias, libres de los filtros muertos de los medios de comunicación y las mezquindades cotidianas. Para desnudarnos por un instante de ideas y temores. Para mantener los ojos abiertos cuando la vida nos enfrenta al vértigo de la altura. Cuando somos por un instante águilas.
Ya sea en la parada del bus, el duelo por una pérdida, el vacío del éxito o la derrota, tus ojos pueden abrirse, en lugar de permanecer cerrados, atados a los objetos más cercanos. No temas al vértigo, no te matará, solo te mostrará lo que no imaginaste, lo que es también cierto.
Que siempre hemos sido águilas.
ASHBLESS (http://laultimapartida.blogspot.com/)











