Hoy ha llovido en el sur, poco, pero ha llovido... Lo ha hecho mansamente, casi con timidez, pero el agua humedecía la tierra, preñándola de ese olor ligeramente acre que desprende al recibirla y que se funde con el aroma dulzón de la hierba mojada... El aire huele a fresco, a vida que se gesta en esa tierra fecundada por un cielo casi toda la mañana revestido de gris, pero hermoso, que hoy ha derramado su simiente sobre ella.El día ha estado tontorrón, como niño enfermito, apagado, gris..Casi como uno de esos días otoñales, teñidos de plomo, sucio, amenazador,uno de esos días llorosos cargados de una melancolía que a veces llega a ser opresiva, en que con las hojas de los árboles parecen caer también las ilusiones, los sueños, las esperanzas de que algo cambie en nuestras vidas. Un día triste, apagado, casi tierno, feble, de los que invitan a la introspección y te llenan el alma de nostalgia, sobre todo de esa nostalgia de algo que no se ha conocido nunca, pero que se presiente que existe, que está ahí...Y sin embargo, esta mañana los pájaros del jardín de enfrente cantaban de una forma especial, quizás celebrando esta lluvia endeble y suavita que enjuga la sed de la tierra y la necesidad de humedad de nuestros cuerpos y nuestras mentes.
De verdad que nos hacía falta...No sé si entiendes bien lo que supone la lluvia por estos pagos, sobre todo si eres del norte, pero ¿sabes lo que es mojarse en un lugar cálido como este, lo que te da esa humedad? La vida, mi querido lector, la vida... El calor aquí parece no tener fin; desde por la mañana la humedad baña la piel, sembrándola de minúsculas gotitas de sudor, la ropa se pega al cuerpo, y el pelo a la nuca... Calor asfixiante durante el día, que entorpece los reflejos y ralentiza tu actividad vital, calor durante la noche, que te impide dormir y exaspera tus nervios… Más sed, más sudor, más humedad... 38º a las 3 de la tarde... Y aún no ha empezado el verano. Esto es solo el aperitivo. Cuando llevemos dos días en que a las 9 de la noche el termómetro no ha bajado de los 39º; dos meses en que el sol calienta y derrite el asfalto, la sesera...; cuando salga fuego, flama, del suelo en una vaharada que penetra por las fosas nasales y los pulmones como si quisieran ahogar, podremos decir que estamos en verano. La lluvia te devuelve el aire, la humedad, la vida, la razón... Y hoy ha llovido.
Hace ya semanas que vamos en manga corta. Las primeras horas de la mañana son fresquitas, pero conforme avanza el día, aunque ya más suavizado, continúa caldeando el aire de mi tierra, un aire cálido y plomizo que quema, que asfixia, que funde asfalto y neuronas, castiga la piel y los pensamientos, dispara (y disparata) los nervios, que nos impele a cometer insensateces, que parece que quita la vida pero que la da exacerbando el ánimo, haciendo a veces enloquecer unos sentidos acorralados por ese calor que los nubla, que hace receptiva cada terminación nerviosa hasta la exasperación. Mi aire sabe a cenizas amargas, a sequedad, pero también a dátil oscuro, dulce, a aceituna madura preñada de dorado líquido... Es el sabor de mis raíces. Es sabor a sur. Es sabor a mí, como rezaba el bolero, a mí, que soy sureña hasta la médula.
Hoy estoy contenta. Ha llovido. Hacía falta.
AVALON







