domingo, 24 de mayo de 2009

TRES MIRADAS. A BENEDETTI




Primera mirada: Malena


Segunda mirada: Elsa


HAPPY BIRTHDAY


¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo
ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo?
¿cómo serán los demás sin este servidor?
¿o existirán tal como yo existo
sin los demás que se me fueron?
sin embargo ¿por qué algunos de éstos son una foto en sepia
y otros una nobe en los ojos
y otros la mano de mi brazo?
¿cómo seremos todos sin nosotros?
¿qué color qué ruidos qué piel suave qué sabor qué aroma
tendrá el ben(mal)dito mundo?
¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio?
¿vanguardia del olvido?
¿qué será del amor y el sol de las once
y el crepúsculo triste sin causa valedera?
¿o acaso estas preguntas son las mismas
cada vez que alguien llega a los sesenta?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?

Mario Benedetti


¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo…? Dejo la vista vagar a través de la ventana. El aire que entra por los cristales y se detiene en mi rostro, en mis brazos, mueve apenas las hojas del limonero. Ya era viejo cuando mi abuela compró esta casa, pero está cargado de frutos, como cada año.

El incesante ronroneo de los motores de coches que no dejan de pasar por la antigua carretera comarcal hace de contrapunto al trino incesante y aturdidor de pájaros desocupados que vuelan de rama en rama, y al de las golondrinas que han llegado esta primavera para hacer sus nidos en el porche.

En la ventana del caserón que linda con éste hay un hombre asomado. Es el tercer dueño que le conozco a esa finca. En las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado…
Por la vereda de enfrente, cogidas del brazo y charlando animadas, se acercan sin prisas pero a paso contento mis vecinas de al lado, Lola, viuda desde hace un par de años, Josita y Marta, abuela, madre e hija respectivamente. Tres generaciones de mujeres. La menos habladora es Marta, a ratos como ausente, pero con una sonrisa entallada en los labios casi todo el tiempo. He oído decir que anda enamorada, con novio. Seguramente no tardarán en ser cuatro las que avancen por la vereda.

Esquinado con el marco de la ventana hay un escritorio sobre cuya tapa se apiñan fotos familiares, una de ellas la última que se le hizo a mi abuela. Era aún muy guapa a sus 84 años, y tan risueña como se muestra ahí. Este mes habría cumplido los 110… La miro de reojo, o me mira ella de frente, no sé, y la veo sentada ante la mesa que hay bajo el ventanal, jugando a solitarios con naipes y haciéndose trampas, deteniéndose a ratos para dejar vagar la vista a través de las cristaleras, saludando con la mano a quienes pasaban por la vereda, fijándose en quién se asomaba a la ventana de la casa de enfrente. Porque en las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado… Le gustaban los pájaros, y dejaba miguitas de magdalena en el alféizar para que acudieran a picotear. A veces se colaba alguno en el interior de la casa por entre los cristales abiertos, junto con el ruido de los coches que circulaban por la comarcal. En aquella época eran pocos, pero las carreteras nunca están vacías. La recuerdo arrancando limones, hasta dejar las ramas casi peladas, y haciendo limonada para la turba de nietos que allí nos reuníamos. Cuando estaba lista acudíamos en tropel. Como los pájaros… Como esos que no eran los que tengo ahora enfrente de mí. Tampoco los coches que circulaban por la comarcal son los mismos, ni siquiera los que veo día tras día pasar, sin dejar tras de sí más que ruido de motor y estela de humos. Pero las carreteras nunca están vacías. Ni el limonero deja de estar cargado de frutos, año tras año.

¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo…?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?

Sí que conocemos las respuestas, están detrás de mi ventana, y en unos versos de R. Juarroz:

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría.
(...)
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

No, no hace falta salvar a un hombre para salvar el mundo. Por eso seguramente lo que nos preocupa no es un mundo sin preguntas, sino uno con respuestas.

10 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Hermoso nos presentas a Benedetti.

un gusto visitarte y leerte siempre

saludos fraternos
un abrazo con mucho cariño
besos

Malena dijo...

Mis queridos Avalon Y etinarcadia, una vez más juntos en este loco empeño mío de trabajar conjuntamente y del que jamás os podré dar suficientemente las gracias por secundarme.

Gracias por vuestro trabajo que está hecho con un inmenso cariño y es una obra de arte.

Besos, besos y más besos de vuestra amiga.

Malena

María Narro dijo...

Acabo de estar en el blog de Malena y le he dicho que solo el olvido es la muerte. Creo que esa es la única respuesta.

A tu abuela la he sentido tan viva como tú cuando escribías...

un abrazo.

Trini dijo...

Cuántas preguntas...

Pienso que el que muere siempre vive en el que lo piensa, lo recuerda, lo añora. Quiero pensar eso, quizá porque no quiero ser olvidada, al menos, por los que quiero y jamás olvidaría.

Besos a pares

ElPoeta dijo...

Bella mirada, hermoso homenaje... Cuánto nos ha hecho sentir y pensar este gran hombre... y cuánto lo hemos pensado en estos días... Ojalá eso pudiera salvarlo...
Besos y abrazos,
V.

Wara dijo...

Recordando a quien amamos y ya se fue, le damos eternidad.

Qué preciosas las abuelas y sus gestos sencillos, amables y tiernos... La mía, maravillosa como era, habría cumplido ciento nueve años el pasado abril.

Un abrazo.

fgiucich dijo...

Se ha ido el maestro de los sentimientos, pero nos queda su obra para seguir remontando los barriletes de la poesìa. Un bello homenaje. Abrazos.

El peletero dijo...

En: “Como esos que no eran los que tengo ahora enfrente de mí”, está descrito el tiempo en su forma clásica de río, que nunca es el mismo.

El acto de recordar siempre es doloroso porque en él está implícito el olvido que conlleva la muerte y el hecho que el mundo no me piensa, soy yo el que pienso el mundo. Hay tantos mundos pensados como personas pensando el mundo, por eso es importante la “verdad”, pero esa es otra cuestión.

Los que tengo enfrente de mí nunca fueron aquellos que vi, siempre son otros los que me miran, todos se van, nadie regresa y mi recuerdo también agoniza, huye siempre que lo pienso, agazapado en una esquina del mundo se muere de miedo.


Besos a los dos.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Eso es lo que me gusta de esta Calle... lo mismo sois capaces de desnudaros públicamente que de vestios con las ropas bellas de vuestras palabras...un abrazo (ahora voy para lo de Malena)

AnaR dijo...

Un saludo, dejo un aviso en mi blog.Un gusto volver a saludarte.

http://elespaciodeunlatidooriginal.blogspot.com/