"En un mundo de conflictos, de víctimas y verdugos, es trabajo de la gente pensante el no estar de parte de los verdugos"
Albert Camus
Esta semana ha sido noticia en todo el mundo la estancia del Dalai Lama en EEUU, durante la cual se ha reunido con el presidente norteamericano, George Bush, y ha recibido la Medalla de Oro del Congreso, la más alta distinción civil. El encuentro entre ambos dignatarios se ha producido a pesar de las airadas protestas y veladas amenazas por parte del gobierno chino, que ha expresado un "profundo malestar" y su "firme oposición", y ha pedido en comunicados previos a la visita que fuese anulada, alegando que "socavará gravemente las relaciones entre China y Estados Unidos".
Las reacciones por parte de China ante el homenaje recibido por el Dalai Lama no se han hecho esperar:
"La visita es una grave violación de los principios básicos de las relaciones internacionales, hiere los sentimientos chinos y constituye una grave injerencia en los asuntos internos de China", dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores.
"
Estamos furiosos", dijo el responsable del PC chino en el Tibet.
"Si el Dalai Lama puede recibir este galardón, es que no hay justicia o buena gente en el mundo".
El cinismo de las autoridades chinas no se detiene ahí; no solo se quejan de que Estados Unidos refuerza la imagen del 14° Dalai Lama, Premio Nobel de la Paz, quien
"personifica en el extranjero la oposición al régimen comunista y el compromiso con la libertad", según ellas, sino que además afirman haber liberado al Tibet de una opresión feudal al ocupar en 1949 ese territorio.
Recordemos en qué consistió este liberación... En 1.950 asaltan la región tropas de Mao Tse Tung para dar comienzo a la «liberación pacífica del Tíbet» de manos de los agresores imperialistas ( en aquel entonces solo había una misión comercial británica y algún que otro occidental, es decir, una docena de extranjeros a lo sumo). Tras la invasión, se firma un tratado en que China se arroga la soberanía sobre Tibet, pero reconociendo la autonomía del gobierno tibetano con respecto a los asuntos internos.

Ni que decir tiene que el tratado no fue respetado jamás por el gobierno chino. Los abusos del ejército, los genocidios en Kham y
en Amdo, el fracaso de las comunas, responsables directas del hambre y de las muertes de cientos de miles de tibetanos por inanición, el uso de mano de obra (esclavos para la construcción de carreteras estratégicas con Qinghai), las noticias de ejecuciones masivas bajo acusaciones de «crímenes contra el pueblo» y las vejaciones a que eran sometidos los monjes, colmaron la paciencia de los tibetanos, que se vieron sin tierras, sin trabajo, esclavos y hambrientos y sin poder cultivar abiertamente su religión.
Todo ello, junto con el temor de que el Dalai Lama pudiera ser raptado por los chinos,
hizo que en marzo de 1959 los tibetanos se sublevaran en Lhasa, pero fueron brutalmente aplastados y el Dalai Lama hubo de exiliarse en India, seguido de 80.000 refugiados más e iniciando un éxodo que aún dura hoy día. Los más de 6.000 monasterios del Tibet fueron arrasados, apenas se salvaron una docena. Las reliquias, obras de arte, estatuas de Buda, etc., fueron robadas y enviadas a Pekín para su fundición. La Comisión Internacional de Juristas, pudo constatar las actuaciones del ejército chino, tales como crucifixiones, vivisecciones, extracción de entrañas y los desmembramientos como actos usuales. Tibetanos decapitados, quemados, golpeados hasta la muerte, enterrados en vida, colgados hacia abajo o arrojados en agua helada atados de pies y manos, con las lenguas destrozadas para evitar que cuando iban a morir gritaran frases patrióticas o en favor del Dalai Lama, engrosan la lista de horrores constatados por la Comisión de Juristas Internacionales.

La destrucción de la cultura de Tíbet y la opresión de su pueblo, que Alexander Solzhenitsyn calificara como la
"más brutal e inhumana de cualquier otro régimen comunista en el mundo", a finales de los años 70 se había saldado con el genocidio de 1,2 millones de tibetanos. Tras la muerte de Mao Tse Tung en 1976, cesa la destrucción masiva; sin embargo son denegados todos los derechos políticos a los tibetanos, así como los civiles, culturales y religiosos.
Los que afirman haber liberado al Tíbet de una opresión feudal y protestan enérgicamente por la injerencia en sus asuntos internos han convertido ésta en una zona militar con el 25% del armamento nuclear de China, bases de misiles, etc. La deforestación alcanza cotas alarmantes (70%). La tierra está agotada, árida, la fauna silvestre casi exterminada, y se explotan y agotan los minerales, madera y todas las materias primas posibles, destruyendo el medio ambiente y creando una situación ecológica límite, con daños irreversibles. Se usa el suelo tibetano como vertedero nuclear y de residuos tóxicos de China y de otras naciones que pagan por ello. A la vez que niños tibetanos son llevados a China para recibir una educación china, 7,5 millones de colonos chinos invaden Tibet con todo tipo de ventajas y beneficios sobre los tibetanos. Se extienden los controles de natalidad, estrictamente implantados y controlados por los chinos, incluyendo severas sanciones para quien tenga más de dos hijos. Los padres son multados, degradados, humillados y castigados, el tercer hijo no tiene derechos legales para ir a la escuela, trabajar, viajar u obtener cartilla de racionamiento.
Los tibetanos siguen luchando después de más de 40 años por su libertad. Las cárceles y campos de trabajos forzados encierran centenares de detenidos. China afirma que después de haberse liberado pacíficamente el Tibet, las mejoras en todos los aspectos son notables. Ha habido inversiones del orden de 13.200 millones de yuanes en obras de infraestructura y para beneficio de campesinos y ganaderos en Tibet. Ahora hay luz eléctrica, pero fundamentalmente en casas y cuarteles chinos. A los hospitales apenas tienen acceso los tibetanos. Estas inversiones, entendemos que se habrán hecho para mantener al numeroso ejército y sus bases militares, para mejorar carreteras estratégicas, conseguir alojamientos dignos a los oficiales chinos, pagar y bonificar a los 7,5 millones de colonos chinos, etc., etc., pues los tibetanos no han recibido ningún
tipo de beneficio.
La política china va dirigida a socavar la cultura tibetana desde sus cimientos: la religión. Cuando el décimo Panchen Lama -considerado la segunda autoridad espiritual después del Dalai Lama- murió en 1989, comenzó la búsqueda de su sucesor. En 1995, el Dalai Lama anunció que el niño Gedhun Choekyi Nyima, de seis años, era la reencarnación del Panchen Lama. Tres días después, él y sus padres desaparecieron. Es el preso político más joven del mundo.
El vicepresidente de la Región Autónoma de Tibet, Nyima Tsering, le dijo a la BBC que el joven, que ahora tiene 18 años, todavía está en Tibet. "
Quiere vivir en paz y no quiere interferencias en su vida", dijo el funcionario.
China no permite que nadie lo vea, ha rehusado liberarlos a pesar de innumerables peticiones y, en su lugar, escogió a otro Panchen Lama, que vive la mayor parte del tiempo en Pekín y viaja a Tibet cada uno o dos años. Si el gobierno chino mediatiza también la cúpula de la jerarquía religiosa budista, al igual que controla los monasterios, los aspirantes a monjes, etc, en pocos años no quedará nada del Tibet que conocimos.
Y con semejante panorama, ¿con qué se ha ido el Dalai Lama de EEUU ? Con una bonita medalla, con declaraciones de la portavoz presidencial americana como que
"No apoyamos la idea de un país separado de China", un comportamiento tibio en los actos oficiales que acompañaron la visita, alguna que otra disculpa contemporizadora con el gobierno chino y con la recomendación de Bush al presidente de este país, Hu Jintao de que reconsidere la idea de recibir al Dalai Lama para iniciar la apertura de un proceso de diálogo. Una palmadita en la espalda. Se acabó.
En Calle Quimera siempre hay un camino que nos lleva a la ilusión y la esperanza, aunque rocemos la locura. Pensar que este viaje y los que el Dalai Lama está efectuando a Europa podrían tener como resultado algún día la suficiente presión internacional como para que un día el Tibet sea libre, ¿será una quimera más..?
AVALON Y ETINARCADIA