miércoles, 11 de marzo de 2009

ALETHEIA (Y II)



Siempre me produjo ternura ese pavor de los héroes homéricos a morir en el mar y no poder ser enterrados. Es la disolución total, la soledad eterna. Sobre olas nada se puede edificar, no hay tumbas donde los muertos puedan hallar descanso, seguir apegados a la tierra que los vio nacer y ser visitados por sus deudos, continuar relacionándose con ellos. El mar es el no-lugar, y sus aguas el olvido donde se disuelve y deslíe todo cuanto se fue en vida, se hizo, se penó y se logró. La tierra es el lugar, la memoria, y ambas, tierra y memoria, los únicos sitios donde se puede permanecer. Y las sepulturas son precisamente eso: una resistencia al olvido hecha lugar, el hábito del recuerdo erigido y consolidado.


Alguien dijo una vez que "Sólo la poesía y la arquitectura poseen la fuerza para vencer el olvido de los hombres». Y debe de ser cierto. Arquitectura y memoria permiten al hombre morar, arraigar, permanecer, constituyen un desafío al tiempo y al olvido. Ese desafío es una necesidad, una obsesión para los hombres. Para los vivos… Porque nadie ha preguntado nunca a los muertos si desean o necesitan tierra, túmulos, memoria, permanencia…
Yo prefiero el mar, la arquitectura solo haría perpetuar un recuerdo que no deseo, atarme más aún a la tierra que me sustenta a regañadientes, de ella y mío. Y en cuanto a la poesía... Ambas nos despedimos la una de la otra hace ya tiempo, cuando perdí el último recuerdo que me quedaba, el que atesoré hasta el último segundo aun después de haberte olvidado a ti, tus desplantes, las veces que me hacías sentir pequeña, de tan pequeña incluso insignificante. Hasta he olvidado ya aquellos momentos de sexo glorioso que me proporcionabas. Hasta el dulce amor que nos tuvimos. Todo. Las luces y las sombras de nuestra relación. Mnemósine se lo llevó todo, porque suya es la memoria y suyo el recuerdo, y está en su derecho de reclamarlos. Todo se lo quedó, sí, excepto el momento en que nos íbamos a la cama por la noche. Ese no me lo dejé arrebatar hasta el final. ¿Recuerdas? Tú me esperabas tumbado sobre las sábanas, desnudo, leyendo, las gafas cabalgándote la punta de la nariz, mientras yo me desmaquillaba en el baño. Cuando terminaba iba a reunirme contigo, me hacías sitio a tu lado, acomodaba la cabeza en el hueco de tu clavícula y rodeabas mis hombros con tu brazo. A veces comentabas conmigo durante unos minutos el libro que leías, otras veces lo cerrabas, lo dejabas sobre la mesita de noche y comenzabas a contarme cosas mientras yo te escuchaba embelesada, recorriendo tu cuerpo con la yema de mis dedos. Hablábamos, reíamos y dejábamos escapar algún beso furtivo. En ocasiones durante horas. Solo eso, hablar y reír con esa risa que sale del fondo de las entrañas, del fondo del alma, del fondo de la necesidad de sentir que se expande el diafragma, que el corazón rígido, acecinado, se fragmenta y se libera al fin, y sale despedido en mil pedazos con cada carcajada.

Durante años aferré con las dos manos esas charlas, esas risas, esa ternura, los dedos como garras en torno a ellas. Y las apretaba más fuertemente aún contra mi pecho y enseñaba los dientes a Mnemósine cuando venía a arrancármelas. Yo la dejaba quitármelo todo, recuerdo a recuerdo, sin protestar. Pero ese no... Hasta que llegó el momento. Era el único que me quedaba, y cuando ella volvió por última vez tuve que entregárselo con mis propias manos, depositarlo en las suyas con el rostro bañado en lágrimas. Lo entregué como a ese hijo que se te desraíza del vientre y se te ahoga entre cuajarones de sangre cuando Átropos corta su hebra sin siquiera haber dado tiempo a Cloto a tejerla. Como se lo entregas con tus propias manos a Tánatos: sin comprender nada.

Eso fue lo último que entregué. Después ya no ha habido más recuerdos, más lágrimas, más hijos, más poesía. Ya no soy nadie. Estoy muerta. Y por eso no le tengo miedo al mar. Solo los vivos le temen.

22 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

WOW precioso el temor al mar al inmenso y cruel aveces mar..

muy sentidas tus palabras

me fluí en el vals del mar con el viento aterrador del tiempo..

saludos fraternos

un abrzo

Jaquelyne dijo...

Hola,
Tu calle me encantó...
Yo no hablo Español mas tentaré...
Amo tu lengua, mucho me gusta!


Besos

Malena dijo...

Preciosa y gran continuación, Avalon, Etinarcadia. La vida y la muerte van tan unidas... El otro día hablaba con una amiga común y me decía que la costumbre de tirar las cenizas de nuestros difuntos nos deja doblemente huérfanos porque no sabes a donde ir a hablarles. Nunca me lo había planteado así pero cuando perdemos a un ser querido, los vivos necesitamos esa arquitectura que nos lo representen.

Arquitectura, mar o aire, ¡qué más da! lo importante es que no desaparezcan ni de nuestra memoria ni de nuestros corazones, así hasta que venga Tánatos y le pasemos la "papeleta" a los que queden aquí.

Resumiendo: Si la primera parte fue de una gran calidad, la segunda no desmerece en absoluto.

Algún día escribiré como vosotros mientras Cloto me de tiempo para hacerlo.

Mil besos, mi Dama, mi Caballero...

fgiucich dijo...

Prefiero la soledad de la montaña a las aguas destempladas del mar, allà donde el viento de las cimas trae recuerdos que quedan atesorados, inclusive despuès de la muerte. Admirable texto, sin duda alguna. Abrazos.

ElPoeta dijo...

Muy bello texto, que demuestra que el recuerdo dulce permanece y nada te lo puede arrebatar... Abrazos y besos, amigos,
V.

Amaya dijo...

El mar es a veces la solución, en sus aguas saladas y frias se disuelve todo: la nostalgia, la decepción, la desesperanza, el amor que rompe, el amor que mata..
Mil abrazos Avalon, Etinarcadia..y gracias por este extraordinario texto,..merece formar parte de un libro, de un gran libro

Lennon por siempre dijo...

Hola, cordial saludo. Te extiendo una cordial invitación para que visites el blog:

www.johnlennonporsiempre.blogspot.com

Es un homenaje a John Lennon. Espero lo visites y te hagas seguidor(a).

Igualmente te invitamos a unirte al grupo "John Lennon por siempre" en facebook y así comenzar a trabajar en la conmemoración de los 30 años de la muerte de Lennon.


Give peace a chence

Víctor

PACO HUELVA dijo...

Mis saludos, queridos amigos. Veo que todo sigue como siempre, y me gusta, me gusta que las cosas sean así. También yo he regresado de nuevo. Me gustó el relato.
Un beso y una abrazo, respectivamente.

Patricia Gold dijo...

Dios sabe cómo hacer las cosas..

Vine el otro día y no pude abrir la página. Tuve que desbloquear algo en mi pc.
Aquí regreso y justo este post que me llega tanto.

No tengo drama en decirles que esa amiga de la que habla Malena,fui yo.Salvo que haya hablado con otra persona del mismo tema.

De eso hablé con ella,a veces deseo con el alma encontrar a mi padre y no se dónde.
Porque llevé sus cenizas al mar, como él lo deseó.
Y al mismo tiempo soy feliz por él.
No puedo imaginarlo en otro sitio.

Yo no le tengo miedo al mar, no se lo tuve nunca.
Creo que fue y es parte de mi vida. Sentí en él siempre vida, amor, pasíón, todo lo que implica el vivir.
Y fue una sorpresa al principio pero luego una certeza que mi padre eligiera meses antes, y sin saber que iba a partir el lugar donde deseaba estar.

Amo el mar..y estoy viva y lo voy a seguir amando...cuando Dios lo decida.

Aunque no pueda visitarlos con el ritmo de antes, golpearé las puertas cada tanto.
Miles de besos
Patry

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

En vida es caundo hya que temenrle al mar...y a la tierra...nadie sabe donde está el designio...verdaderamente el mar es un buen lugar para descansar..en acontinuo movimiento...ahi quiero estar...no en la tierra..saludos

Wara dijo...

La gente que vive del mar no quiere morir en el mar, y me parece extraño, porque pienso que deberían de sentirlo como su propio hogar. Pero el mar es con frecuencia cruel, y los que viven a sus expensas desean descansar un día en tierra firme.

Saludos.

Sluagh dijo...

Me ha gustado mucho esa relación entre el mar y el olvido. Cómo la tierra mantiene y recuerda, con ese afán de los hombres, mientras que el mar es un espacio caótico, cambiante y a la vez inmutable, que no pertence al hombre y en el que nada perdura. También me ha gustado cómo los recuerdos pueden ser temidos y valorados, nos dan fuerzas y también nos pesan. Cómo si nos liberamos de ellos, ya no hay nada por lo que luchar, y a la vez nada que temer, nada que perder.

Preciosa entrada. Saludos.

Prometeo dijo...

El miedo al mar. Me lo quito un viejo marino, tio mio, de esos de campañas en la amr de seis meses, un par de semanas en tierra para gastarse la pasta gansa y volver a enmbarcar. Lo hizo con una serie de preguntas sencillas ¿Donde murio tu abuelo?, en su cama, en su cas...¿Y la abuela?, lo mismo...¿Y el isabuleos?, lo mismo supongo...pues-añadio-yo tendria mas miedo a dormir en una cama....un fuerte abarzo.

MentesSueltas dijo...

La tremenda presencia del mar en nuestras vidas... bello leerte.

Te abrazo
MentesSueltas

Vizconde de Bragelonne dijo...

Hay momentos que merece la pena no olvidar nunca. Situaciones cotidianas que son tan sumamente especiales que ni siquiera la rutina puede con ellas. Son las que terminas echando más de menos.

Aún así, y a pesar de mi pavor a la soledad (contra el que me enfrento cada vez que puedo para superarlo), me niego a dejarme morir a base de entregar recuerdos.

Tuve dos grandes relaciones en mi vida. Dos en muy distintos momentos, pero con las que pude ser yo en mi día a día (valientes fueron ellas, sin duda). Y a pesar (o precisamente por eso mismo) de estar plenamente convencido de que acabaron cuando debieron (incluso algo más tarde), me niego a cederle a nadie (dios o mito) mis recuerdos. Porque disfruto con ellos, porque son parte mi yo actual, aunuque suspire un poco, aunque me cuesten alguna lágrima, porque al final siempre termino con media sonrisa de soslayo.

Muchas gracias por este relato, porque llego donde no debía. Un abrazo.

El antifaz dijo...

Fui a leer la primera parte de Alethea. Fui a leer después la segunda parte. Fui al diccionario a buscar el significado. Y ahora, después de haberme pensado tres o cuatro cigarros, no me lo creo.
Esto me sigue sonando a "me rindo", "paso", "tiro la toalla"... o es que no me he enterado de nada (que también puede ser).
Desde luego, lo mejor en la vida es aceptarse, aunque sea un poco antes de morir.
Lo mejor en la vida es no ocultarse la verdad, sacaarla al sol a ver si es la última que tenemos.
Pero no me gusta un pelo. Será que no anduve por mis años y todavía no me conformo....
Es que me da hasta coraje. Suena a despedida.
Un beso, un abrazo.

La Gata Coqueta dijo...

Lo he leído y vuelta a reeler y hay una profundidad dentro de cada frase, que hace pensar friamente por la realidad que conlleva...

Hay cosas que por estar embebidos en este mundo que nos envuelve nos olvidados de muchas cosas que estan ahí esperandonos y aun no hemos tomado conciencia de que el mañana esta ahí y sin verlo ni sentirlo...

Dejer huellas y recuerdos y mas trabajos...

O pasar al olvido, con cual de las dos opciones nos quedariamos...

Por mi parte tengo un ser querido, donde yo puedo ir a visitar siempre que quiera adentrarme en el mundo en el que esta, puesto que no tengo nada que me domine y es un placer entran dentro de su capilla a un siendo noche cerrada y estar contandole o consultandole mentalmente algún detalle para que me dea las suficientes fuerzas para seguir y ten por seguro que cuando de allí salgo me siento otra persona más fuerte y llena que cuando me dirigi a su lado...

Luego me parece que ante estas experiencias sere un recuerdo más o menos tocable...

Para quedar con la sensación de que aun estoy viva en mi subconsciencia...

El mar y su frialdad me aterra, es no existir más, dejando borrados todas las huellas consegudas en el transcurso de nuestras vidas.

Con lo bonito que es estar uno al lado del otro, o uno arriba y el otro abajo como ya este dispuesto con antelación...

Me hacéis pensar, porque a veces lo que se escribe no siempre te hace reaciona cmo uno quiere y cada cual le da un significado dierente que es lo que en ese momento le despierta...

Con eso aclarar porque me voy por este lado.

Un abrazo y un placer pasar por esta calle que siempre me deja una huella...

Muakkkk
Muakkkkkk
Muakkkkkkkk

Miguel Schweiz dijo...

No sé... hay tanto aquí. Tanto que hasta permite reescribírselo uno mismo muchas veces; dándole cantidad de significados.

Ese paralelismo entre la arquitectura y el cuerpo, me tientan... Entre el mar y lo "otro" también.

No sé si darle el significado de vida y muerte. Tánatos y psique.

Y por otro lado me lleva la historia misma, el amor gozado, realizámdose y realizado hasta que es arrebatado... y entonces la arquitectura se desploma y todo va al mar.

Un beso y abrazo (y gracias por aguantar este tostón reflexivo.)

El perro andaluz dijo...

Coincido con Malena en todo lo que dijo, y me he quedado tan boyante con este escrito que con el anterior. Vaya alquimia que han logrado.
Besos y abrazos, amigos míos.

Kim Basinguer dijo...

Un texto precioso con todos los sentimientos a flor de piel.

Jassy dijo...

bello, muy bello

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

tras reflexionar....unos dias y vde nuevo reller la entrada...es porque como dice mi hermano bloguero antifaz...espero que no sea una despedida....lloraría por no pasera por una quimera de calle...un brazo Etinacardia y Avalon.