domingo, 4 de enero de 2009

SOLSTICIO DE VERANO





En la espesura negra de la noche asoma una luna redondita y blanca, que se mira, curiosa, en el pálido azogue de las aguas del estanque, casi adormecido por el canto tibio de los grillos y la sonatina de las ranas. Lo saca de su plácida somnolencia un repentino murmullo de risas mudas, las de los nenúfares que se mecen en su quieta superficie, anillándola en casi imperceptible ondas. Y es que un esbelto pino ha arqueado su espalda, ha doblado la cintura para asomarse al agua y su reflejo ha robado un beso inesperado al de la luna. Confusa y algo enfadada, teñidas las mejillas de rojo, esconde ella su cara tras una nube, mientras los juncos estiran sus cuellos hacia la orilla para reír con los nenúfares y cuchichear sobre el atrevimiento del pino. Acuden raudas a unirse al parloteo las aguas de una diminuta cascada, que resbalan por las verdinosas piedras atropellándose unas a otras en su alocada carrera, para recomponer enseguida la figura e ir remansándose al llegar al calmo espejo de aguas del estanque, como azoradas por su atolondrado comportamiento.

De repente, un sonido lejano pero cada vez más perceptible corta de raíz todos los murmullos. Es la voz rica, grave y profunda del roncón de una gaita, que se eleva en el aire de forma etérea, irreal, como fundiéndose con él. Callan los grillos, las ranas, las plantas... Todos dirigen ojos, tallos y copas hacia el lugar del que procede el dulce lamento de esa cornamusa, y quedan la vista y la atención prendidas de la oscura silueta del gaitero que se recorta contra la luna en la otra orilla del estanque. Arranca sones tan melancólicos al instrumento que hasta la luna, conmovida, por mejor oírlo saca la cabecita de detrás de la nube. Las notas de la triste melodía se van derramando hasta poblar el aire y cada uno de los escondrijos del bosque, y apagar cualquiera de sus sonidos nocturnos. Todos los seres que lo habitan interrumpen sus actividades, y quedan con los sentidos en suspenso, escuchando el lastimero canto de la gaita. Es tan hermoso e irreal que una de las ranas que chapoteaba en las aguas, intentando embeberse de cada una de las notas que se elevan hendiendo el aire, se sube de un salto en el puentecito de madera que se arquea de orilla a orilla, ese grácil puentecito de madera de todos los estanques de los libros de cuentos.

Los árboles más viejos, ya centenarios, conocen bien esa tonada. Desde que les alcanza la memoria, cada 21 de junio, al dar las doce de la noche, surge del suelo una bruma espectral, blanquecina, que poco a poco se va oscureciendo y materializando en la figura de un gaitero, solo una sombra, que camina lentamente hacia la orilla del estanque, siempre el mismo lugar, para interpretar la misma canción. Una vez terminada ésta, la sombra se va desvaneciendo poco a poco, hasta parecer que todo ha sido solo un sueño.

Al extinguirse los últimos ecos de la gaita, el bosque comienza a salir del estado de ensoñación en que la melodía lo había sumergido, y poco a poco va regresando la actividad habitual a esas horas de la noche. Las jóvenes flores, curiosas y excitadas, preguntan a los árboles centenarios por lo que acaban de ver y escuchar. Y estos les cuentan que siglos atrás la mujer del gaitero murió ahogada en aquellas aguas cuando huía de guerreros del clan con el que el suyo estaba en guerra. Enloquecido por el dolor de su pérdida, el marido se estuvo acercando durante años a la orilla del estanque el día del aniversario de la muerte y tocaba aquella pieza, la favorita de su esposa, con la vana esperanza de que ella, al oírla, surgiera de las profundidades y se reuniera con él de nuevo. Hasta que en una de aquellas ocasiones, comprendiendo que jamás lograría ver de nuevo a la mujer que tanto amara, se suicidó en aquel mismo lugar. Y fue condenado a que su sombra se materializara una vez al año, el 21 de junio, para tocar aquella canción hasta que terminasen los días del mundo y reviviesen todos los que ahora dormían el sueño de la muerte.

Movían las flores sus corolas, gachas, de uno a otro lado, tan apesadumbradas como el resto de sus contertulios. Incluso los que por su avanzada edad ya habían oído al gaitero tocar su lamento otros años y conocían la historia, al escucharla de nuevo no dejaban de sentir en sus corazoncitos una enorme compasión por el desdichado amante. Las expresiones de pesar por su desgracia y de alabanza a la belleza de la tonada que acababan de oír fueron interrumpidas por unas luciérnagas que se aproximaban revoloteando e inundando la escena con su luz.

- ¡Callad, callad...! Pero ¿qué es este alboroto? Se aproxima una niña humana, callad...- gritaban con sus agudas vocecillas.

Inmediatamente los árboles y las flores recuperan la compostura; los nenúfares enmudecen, limitándose a flotar en las aguas de la forma más inocente de que son capaces. Grillos y ranas elevan el tono de su canto para ahogar así cualquier frase indiscreta que pudiese escapársele a algun de ellos, sabedores de lo muy parlanchinas que son estas plantas, y más cuando están excitadas, como ocurría en esos momentos. Las flores se quedan muy quietas y calladas, como si no supieran hablar, algunas incluso cierran los pétalos para parecer que duermen. El vientecillo, tranquilo, peina las ramas de los árboles y mece a los juncos, sin perder de vista con el rabillo del ojo la figura humana que avanzaba con paso rápido hacia el estanque, una jovencita de apenas 12 ó 13 años. Una vez allí, la muchacha saca cuidadosamente de su bolsillo una margarita, y con expresión anhelante comienza a deshojarla sobre el agua. Sabido es que la noche de solsticio de verano, la única en que la magia que una vez poblara la tierra vuelve a llenarla después de que los humanos dejaran de creer en ella y desapareciese, cuando una mujer casadera arroja pétalos de margarita a las aguas de un estanque, estos forman sobre su superficie el rostro del hombre que la amará.

La luz de la luna ilumina el rostro y los cabellos de la niña, sus labios se entreabren en una ilusionada sonrisa y en sus ojos claros se enlazan todos los cuentos mientras contempla cómo los pétalos dibujan poco a poco el rostro de un joven en las quietas aguas del estanque.


26 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

me quedo con el canto inmenso de la noche con su luna estrella de la misma...

un abrazo muy bello, con el canto de ranas y el grito inmenso de la niña...

saludos

El antifaz dijo...

La magia puede hacer que en el mismo escenario ocurra el final trágico del amor del gaitero y el pricipio tranquilo de la joven de la margarita; la magia de vuestras letras, claro.
Besos, abrazos.

Malena dijo...

Es una verdadera preciosidad, llena de magia y belleza. No solamente la belleza que emana de vuestras palabras, sino la que surge epontáneamente de cada uno de los elementos que conforman el paisaje y sus personajes.

Miles y miles de besos, mi Dama... mi Caballero...

María Narro dijo...

¡qué bonito!

el amor, la ilusión, la magia de los cuentos, la gaita, Escocia... ¡Avalon! jo

jajajajajaj

un precioso cuento de navidad, de la necesaria para todos los dias.

un besazo para los dos.

María Narro dijo...

¡qué bonito!

el amor, la ilusión, la magia de los cuentos, la gaita, Escocia... ¡Avalon! jo

jajajajajaj

un precioso cuento de navidad, de la necesaria para todos los dias.

un besazo para los dos.

Wara dijo...

Para mí no es necesario viajar lejos… en Galicia suenan las gaitas en cualquier fraga, damas y caballeros renacen y mueren enfeitizados (hechizados, encantados) en sus leyendas, en sus historias de amor jamás olvidadas. Un precioso solsticio de verano para este momento, cuando no hace tantos días que yo escribí todavía un solsticio de invierno. En Galicia el día mágico es la noche de San Juan, cuando se buscan las fuentes de agua fresca y clara donde lavarse para embellecer la cara, o las olas en el amanecer de la playa, o se pone una palangana con agua y flores al rocío de la noche para lavarse en ella despertarse de mañana… ¡Cuántos recuerdos!
Siento haberme extendido, pero me ha encantado vuestra magia. Un abrazo.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

El misterio, el amor, el encanto del romanticismo que puede haber en esa bella noche, la habeis plasmado a la perfección... una historia de amor de las que no hay hoy...un beso y feliz año

ElPoeta dijo...

Hermosa esa descripción del solsticio, que logra transportarnos a un mundo mágico. Que tengáis un gran año, amigos míos. Besos y abrazos,
V.

La Gata Coqueta dijo...

Hola amigos, paso a invitaros que paseis cuando podais y si os apetece por mi gatera, en ella he dejado unos detalles para vosotros.

Un abrazo y hasta otro momento.

Fede dijo...

Amigos,
Cuando dejamos volar a la imaginación somos capaces de crear belleza casi sin darnos cuenta. Es lo que habéis hecho vosotros y de paso, en ella y con ella nos arrastraís a todos en una dulce ensoñación

yraya dijo...

Una belleza de cuento!!
Un besote

El éxodo dijo...

Excelente y mágico. ¿Cuento o prosa poética? No sé, la frontera que los separa puede ser a veces tan difusa como la atormentada sombra de ese gaitero.

Abrazos.

Shanti dijo...

Me ha encantado!!!!!!!!!!

tan místico, tan hermosamente descrito...me pareció ver las diversas escenas en tres dimensiones.
Gracias =)

Amaya dijo...

Que precioso y magico relato!!
Me habeis teletransportado alli, entre imposibles historias de amor, sueños de luna y quiméricas aguas..Un fuerte abrazo Avalon.., Etinarcadia

Abril Lech dijo...

Un relato bellísimo lleno de magia. Especial para este día en que han venido los reyes a traernos sus dones y regalos. Mi beso de reyes...

Prometo dijo...

Hermosa histoira llena de poesia y simbolismo. Espero que esto reyes te hayan colmado de regalos, de los unos y de los del corazon. Un abarzo.

Raiza Sommi dijo...

Linda narración llena de gracia sutil y hermosas letras.

Saludos y un abrazo

TriniReina dijo...

Que belleza de cuento para comenzar el año. Todo un lujo de romántica fantasía.
Precioso

Dos abrazos

Alberto López Cordero dijo...

Desde luego con vosotros uno nunca sabe cuando la ficción es realidad o tal vez sea que me adentro tanto en las historias que casi me da la sensación de vivirlas. No he tenido un buen comienzo de año, pero con lecturas como la vuestra hace que me sienta un poco mejor. Un fuerte abrazo.

Enmascarado dijo...

No se si primero felicitaros el año o hacerlo por tan sublime relato...pues todos a una..

La bruma y la gaita nos han transportado a ese mágico universo que habeis formado...nos ha embrujado la luna y hasta podiamos oler las flores...

Gracias por regalarnos esta explosión de sensaciones¡¡

Besos y Salud¡¡

SOL dijo...

Es genial cuando un relato nos transporta a esos lugares magicos!!!
Lo disfruto enormemente!!
Besos llenos de luz!!!
Nos leenos cielo!!!
Estoy de regreso.

El perro andaluz dijo...

Esta magia sin trucos, me ha inquietado hasta el silencio.
Gracias amigos, se les quiere a estómago lleno.
Besos y abrazos conmovidos.

Kim Basinguer dijo...

Precioso y magico de verdad.

La Gata Coqueta dijo...

Os deseo un feliz Domingo, con paz y en armonía a vosotros y a todos los amigos que os acompañan día a día.

Un abrazo y hasta otro momento, con las mismas intenciones.

Ashbless dijo...

Gracias por traernos ese poquito de magia. Ha sido precioso leerlo.

besos

La Gata Coqueta dijo...

Soñar e imaginar...

Que hechizo tendra la luna que nos atrapa y envuelve, y nos hace pensar en todo aquello que pudo a ver sido y no se llego a realizar...

El leer esta fabula es ransportarte a otros mundos y a otros momentos de bellos encuentros.

Por lo que os felicito por una imaginación tan lacida y despierta.

Un abazo muy cálido y que disfruteís de una semana plena de cariño y amistad para todos los presentes.